Hacia nuevas formas de creatividad

Todo cambia y todo pasa, y con la creatividad pasa algo parecido. Con el paso de las décadas el concepto en sí mismo está en tela de juicio, y en pleno siglo XXI la creatividad no es lo mismo que a mitad del siglo XX

Estando en una sociedad, que al menos tecnológicamente ha evolucionado tanto, no es de extrañar que las formas de crear estén variando en todas las facetas del arte, y la literatura no iba a ser una excepción.

Inclusive, por mor de los tiempos, al hecho de hallar la inspiración para, por ejemplo, escribir una obra literaria, se ha mutado el término: lo que hasta hace nada era creatividad ahora se la denomina originalidad.

Algo que debería de ser impulsado por la tecnología

A pesar de que primero la filosofía y después la psicología, está última nació como disciplina científica hace más de 100 años, han intentado desentrañar el origen primero de la creatividad, esta ha dado para cientos de teorías.

Desde esas teorías, muchas de ellas acientíficas, explicaban la creatividad producto de una genialidad innata, y pasando por aquellas que la definen como un rasgo de la personalidad, hemos llegado a teorías híbridas que suman lo innato con lo adquirido.

Estamos en una época, que subida en la cresta de la «ola» tecnológica, son miles las organizaciones que utilizan la tecnología y equipos humanos para generar las mejores ideas para sus organizaciones.

Sin embargo, y aunque a priori, con el concurso entre otras de la computación, la creatividad está llamada a entrar en otra dimensión, las ideas geniales siguen brillando por su ausencia.

Una creatividad dinámica

Si por algo podemos calificar al siglo XXI, es por ser el siglo de la innovación, en donde la gran empresa y organizaciones mastodónticas gastan auténticas fortunas a la hora de desarrollar proyectos que innoven.

Quizás uno de los principales errores que han cometido durante décadas aquellos que se han pasado lustros investigando sobre qué es la creatividad, es que la misma es algo estático que no evoluciona.

Por todos son conocidos los principios clásicos de lo que se ha venido entendiendo como creatividad: thinking outside the box, esto es, pensar sin corsés y también aludir al pensamiento lateral.

Las principales teorías sobre la creatividad, tienen, en mejor de los casos, más de veinte años, sin que en estas dos décadas se hayan ideado nuevas explicaciones sobre ese constructo.

Crisis global de ideas

La tecnología, en lo que se refiere a creatividad, en vez de ayudar a que el ciudadano medio sea más creativo, ha provocado que los habitantes de los países desarrollados, con acceso a todo tipo de tecnologías e hiperconectados, tenga cada día ideas más pobres y mediatizadas.

Para justificar eso Eli Pariser, un activista norteamericano que entre otras iniciativas es fundador de Avaaz, un sitio web que respalda reivindicaciones que tiene que ver con el cambio climático y derechos humanos, escribió El filtro burbuja

La tesis que defiende en ese libro es que los ciudadanos de los países desarrollados recibimos la información de lo que pasa a nuestro alrededor una vez que ha sido filtrada lo cual hace que seamos altamente dependientes.

Sería esa «burbuja» de filtros la que estaría impidiendo nuestra creatividad, debido a que solo recibimos información que coincide con nuestros gustos: de ese modo se vuelve materialmente imposible crear cosas nuevas.

Lo vintage se impone

Debido a la fugacidad de las cosas e ideas, al menos en los países desarrollados, en constante revolución tecnológica y con ciudadanos hiperconectados, cada día es más difícil que haya una continuidad de las ideas, por geniales que estas sean.

Debido a ello, y como consecuencia evidente, se impone lo de otras épocas. El vintage tiene un gran mercado y en todos los ámbitos, siendo en la moda algo recurrente que cada temporada nos imponga una «mirada» más retro.

Pero también en la tecnología, como es el caso del mercado musical, donde se imponen soluciones tecnológicas que se inventaron hace muchas décadas, como es el caso de los discos de vinilo, que viven un nuevo renacer.

Faltan nuevas ideas, que además de novedosas sorprendan como cuando, se cuenta, en las primeras proyecciones cinematográficas, en una escena en la cual en la pantalla se veía como un tren avanzaba, a gran velocidad, hacia el público.

Muchos de los espectadores, creyendo que se trataba de un tren de verdad, huyeron despavoridos de sus butacas al exterior del cine, produciéndose una auténtica estampida.

Originalidad, vital para la creatividad y la innovación

Y eso a pesar de que son muy pocos los libros que se pueden encontrar en el mercado que tengan que ver con la originalidad, mientras son legión aquellos que hablan y peroran sobre la creatividad.

De ese modo, se orilla el concepto principal de la creatividad, que no es otro que el de generar ideas originales, mientras que el concepto de creatividad, a estas alturas del siglo XXI, ya se ha observado desde todos los ángulos posibles.

Las ideas originales tienen una enorme cantidad de virtudes: captan inmediatamente la atención porque no son campo trillado, tienen una gran capacidad de «contagio» y son capaces de generar más ideas originales.

La adolescencia, una idea original

Hasta bien entrado el siglo XX, se pasaba de la niñez a la edad adulta sin solución de continuidad: a los 14 años había quien seguía estudiando y quien se ponía a trabajar.

Los juegos y la vida relajada dejaban paso a una edad adulta en la cual, siguieses estudiando o te pusieses a trabajar, un cúmulo de obligaciones eran adoptadas como parte de la juventud de la edad adulta.

Esto fue así hasta que se extendieron las ideas de Adolescence, un libro de Stanley Hall, donde se aseguraba la existencia de una etapa intermedia entre la niñez y la edad adulta, que fue denominada como adolescencia.

De hecho, las ideas de Hall crearon mercado: desde revistas dirigidas a ese grupo de edad, moda adolescente, música adolescente, cine adolescente y más.

Con el paso de los años, las ideas plasmadas en Adolescence permearon casi todas las sociedades occidentales, sobre todo las más opulentas, para ser un concepto asumido y aceptado ya en los cinco continentes.

Autores como Peter Watson defienden que las tres ideas más importantes de la civilización occidental son el alma, Europa y el experimento.

Como vemos la concepción de las ideas originales más importantes también cambia con el tiempo, ya que para el filósofo británico Francis Bacon, que vivió en el siglo XVII, las tres ideas que habían cambiado la faz de la tierra, tal como se conocía originariamente, eran la pólvora, la imprenta y la brújula.

Fuente – EL PAÍS / Avaaz en Wikipedia / Francis Bacon en Wikipedia

Imagen – / ist – izzy / Pedro Ribeiro Simões / Brigitte Mackscheidt / Gauthier Delecroix / Robert / Karen Roe /Marco Verch

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