¡Persianas arriba!

Las librerías comienzan, de una manera tímida y progresiva, a abrir sus puertas, aunque de momento atendiendo a los clientes con cita previa, los clientes no podrán tocar los libros y las librerías deberán de ser desinfectadas regularmente

Las librerías se desperezan después del obligado cierre por la situación de confinamiento, aunque, por lo menos en un horizonte a medio plazo, vamos a perder la normalidad de perdernos entre los expositores y el tacto de los libros.

A partir de ahora, y no se sabe hasta cuando, los clientes tendrán que venir con cita previa y el normal desarrollo de la actividad librera está ahora sujeta a estrictas normas de higiene que van a impedir el tradicional «manoseo» de ejemplares que solíamos realizar los clientes.

Adquisiciones por teléfono

Son muchos los clientes que realizan la compra de los volúmenes por teléfono y a los que posteriormente se les da una cita para que recojan el libro.

Como ya hemos indicado una de las actividades con las que más disfrutábamos los bibliófilos – coger los libros, leernos la sinopsis argumental del envés del volumen e inclusive leer algún pasaje – se ha terminado, al menos por el momento.

Las librerías viven un nuevo tiempo y hasta cierto punto un renacer en una nueva realidad, porque entre otras cosas, esta «nueva normalidad» ha cogido a todos los sectores, incluida la industria del libro, con el pie cambiado.

Un agujero en la recaudación

A pesar de que seguramente el sector, como otros muchos, se acabará recuperado, el mal ya está hecho.

La Federación de Cámaras del Libro evalúa en 1.000 millones de euros de pérdidas acumuladas por el cierre de las librerías durante el «cerrojazo» que hemos tenido que vivir para domeñar la expansión del covid-19.

Las previsiones tampoco son nada halagüeñas, ya que en caso de que se cumplan las fases de vuelta a la normalidad, el sector de las librerías va a dejar de ingresar otros 2.000 millones de euros.

Las siete semanas que llevamos de «cerrojazo» han supuesto una «travesía por el desierto» para el sector: además de tener que asumir la imposibilidad de vender en comercio detallista los libros, se ha sumado el seguir teniendo que pagar facturas, sueldos y alquileres: y eso sin tener ningún tipo de ingreso.

Por ello, desde los libreros se pide al gobierno un plan para reflotar el sector, tal como se está exigiendo desde otros sectores, desde la industria al sector financiero, sin olvidarnos del sector del automóvil.

Contacto telemático

De hecho, ya son muchos los clientes que están utilizando medios telemáticos para contactar son sus libreros y hacer los pedidos de libros: el cliente encarga los libros y posteriormente pasa a recogerlos, con cita previa, los recoge en la librería.

De lo que no pueden quejarse la mayor parte de las librerías es del arrope social que están teniendo por parte de la comunidad entre la cual desarrollan su actividad profesional, sobre todo si son pequeñas librerías de barrio.

Los vecinos son conscientes de que lo que da vida a su barrio es la actividad comercial, y lo mejor es que la misma sea diversificada, y nada mejor que un centro de actividad cultural que siempre das mucha solera a la calle en la que se encuentra.

A pesar de que las librerías solo llevan unos días en actividad, las ventas ya se están animando, lo cual hace que los libreros vuelvan a «hacer caja», máxime que el minúsculo porcentaje de población que habitualmente compra libros, son muy militantes.

Negocio integral

Ya antes de esta crisis sorpresiva que estamos viviendo, las librerías, para sobrevivir, se han tenido que reinventar y convertirse en algo más que un comercio donde se venden libros para convertirse en un polo de irradiación cultural.

Además de las funciones propias de una librería, muchos libreros han convertido sus locales en locales de eventos donde se presentan libros y se dan charlas, clubs de lectura en donde se cometan textos e inclusive algunas cuentan con una zona de cafetería.

Por decirlo de alguna manera, muchas librerías se han convertido en negocios 360, que desarrollan cualquier tipo de actividad amparada bajo el «paraguas» de la industria del libro.

El sector solicita ayudas

Es una de las reivindicaciones del gremio de los libreros, que piden que también se ejecute un plan de rescate para el sector, «tocado» y esperemos que no hundido, por las consecuencias de la amenaza vírica.

Las organizaciones de libreros ansían una política de créditos «blandos» que podían ser vehiculados por el Instituto de Crédito Oficial, tal como está sucediendo en casi todos los sectores productivos.

Además, las facturas se acumulan, ya que como hemos indicado las librerías tienen que realizar pagos a proveedores, la «renta» de los locales donde tienen la librería, por no hablar de los sueldos de los empleados.

Muchas librerías, de todos los tamaños e inclusive grandes cadenas, han tenido que optar por los Expedientes de Regulación de Empleo Temporal, expedientes que de no mejorar la salud del sector se podían convertir en los tan temidos Expedientes de Regulación de Empleo y terminar en despidos.

Durante el «cerrojazo», han sido múltiples las iniciativas, muchas de ellas protagonizadas por sus clientes, para «echar un capote» a sus libreros de confianza, entre ellas algunas tremendamente simpáticas como «adoptar» librerías.

Medidas draconianas

Tal como ha dictado el gobierno, las librerías, como cualquier otro local comercial, que podrán abrir son aquellas que tienen una superficie menor de 400 metros cuadrados.

Por el momento, solo se puede atender al público con cita previa, por lo cual las aglomeraciones que se podían producir en algunos locales son, de momento, reminiscencias del pasado.

Dentro de los locales se deberá observar de manera escrupulosa la denominada «distancia social» y tanto empleados como clientes tendrán que utilizar obligatoriamente mascarillas homologadas y existirán dispensadores de gel hidroalcohólico.

Además, los locales tendrán que ser desinfectados con regularidad, y en aquellos donde haya mucho trasiego, esa desinfección deberá de ser diaria.

Eso evidentemente va a aumentar los costes fijos que supone gestionar una librería, y es muy posible que esos gastos no se puedan repercutir en el cliente, debido a que con la crisis económica que se intuye en lontananza, habrá muchas librerías que no lo podrían soportar.

Fuente – EL PAÍS / el diario

Imagen – David Orban / Przemek Pietrak / Jason Constanza / Rawpixel Ltd / Christine und Hagen Graf / Instituto de Crédito Oficial / Olgierd Rudak

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