Libros para el Demos

Se publican ahora, en este tiempo de pandemia, dos libros que piensan sobre la democracia y que hasta cierto punto denuncian la pérdida de poder de ese sujeto político, los ciudadanos, que debieran de gobernar en democracia. Hablamos de Ciberleviatán de José María Lasalle y a Privatizar la democracia de Jule Goikoetxea

En estos momentos en que la «dictadura digital» se acrecienta, producto de la situación de confinamiento en que vivimos – solo podemos salir para «currar» y hacer algo de deporte, la literatura se puede convertir en un baluarte para la defensa de la democracia.

La cultura en general y la literatura en particular son esenciales para la buena salud de la democracia y profundizar en los procesos de democratización, y nos permite ahondar en procesos de cooperación social.

Son legión los libros, muchos de ellos reeditados en fechas recientes, que permiten reflexionar sobre la democracia, como puedan ser La libertad de ser libre de Hannah Arendt, Contra el fascismo de Umberto Eco o Cómo mueren las democracias, un tratado escrito al alimón por Daniel Ziblatt y Steven Levitsky.

Por higiene democrática

La cultura, y específicamente la literatura, es imprescindible para la supervivencia de la democracia, de manera que la población adquiera una visión crítica del sistema político en el que se encuentra y que no se deje llevar como «cantos de sirena» de populistas de toda laya.

Finalmente, de lo que estamos hablando es de autogobierno, de ese artículo de la Constitución Española, que muchas veces es papel mojado, que establece que la soberanía popular, y por ende la democracia, reside en el pueblo español.

Tecnología versus democracia

Es en lo que incide el escritor y profesor universitario José María Lasalle, un «verso suelto» dentro del PP, que, en una de sus obras, Ciberleviatán (Arpa Editores) defiende la tesis de que la tecnología ataca las bases de la democracia.

Y eso es así porque la revolución digital mina los cimientos de la democracia, sustituyendo la libre toma de decisiones por la esclavitud del algoritmo, que de lo único que sabe es de tomar la decisión óptima en cada momento.

Eso, la toma de decisiones basada únicamente en criterios lógicos y de eficiencia, no hace sino empobrecer, además de la democracia, nuestra libertad, y tal como escribe Lasalle, nos coloca ante un escenario de «libertad asistida».

Eso se puede ver muy bien en internet, donde las aplicaciones que utilizamos de manera generalizada, caso de Facebook, nos inducen subrepticiamente a tomar una serie de decisiones cuando estamos interactuando con ella.

Capitalismo privatizador

También para con la democracia, tal como defiende la escritora y filósofa Jule Goikoetxea en su libro Privatizar la democracia, en donde se extiende en explicar cómo el capitalismo globalizador se empeña en privatizar los mecanismos de los ciudadanos para el empoderamiento democrático.

La tesis central es que no existe democracia digna de tal nombre si los ciudadanos carecen de los mecanismos como para poderse autogobernar de manera democrática, para lo cual es necesario que exista una serie de robustos sistemas que lo posibiliten.

Entre ellos se encuentra la sanidad y educación públicos, cuidados públicos y unos servicios públicos de calidad.

Uno sistemas que el capitalismo patriarcal y racista odia con todas sus fuerzas, porque son servicios que impiden la acumulación de capital mediante la explotación, esencia de la economía de mercado en la que vivimos.

Por lo tanto, lo que Goikoetxea explica en su libro es que democracia y capitalismo patriarcal son antitéticos, tanto en su vertiente económica como en la sociopolítica.

Si algo no quiere el capitalismo es que la población se pueda autogobernar, ya que eso haría que el capitalismo pereciese como sistema socioeconómico, ya que el sistema se basa en la explotación, especialmente de las mujeres y las minorías étnicas.

De mal en peor

La calidad de la democracia, tanto en un mundo globalizado como en nuestro país, no ha dejado de devaluarse y perder calidad, producto de la dejación de generaciones de jóvenes, ahora ya no lo somos tanto, que vivieron con optimismo y despreocupación su juventud en los años noventa del pasado siglo.

Así lo define Daniel Arias Maldonado en Nostalgia del soberano, donde explica que entre la caída de Muro de Berlín y la crisis financiera de 2008, hubo una dejación de la vigilancia ciudadana en la calidad de nuestra democracia y la sociedad liberal capitalista se convirtió para muchos en el «becerro de oro».

Además, muchos ciudadanos han hecho dejación de sus libertades, renunciando, aunque sea «de facto» a sus derechos políticos para convertirse poco menos que en súbditos cuyas únicas ansias son consumir.

Inducción tecnológica

Es la denominada transformación digital, tal como defiende Lasalle en Ciberleviatán la que introduce la población en unas dinámicas en las cuales la población pierde la dimensión de ciudadanos y se convierten, durante cada vez más tiempo, en usuarios y consumidores.

Además, la democracia ha sido expoliada de valor, y lo único que se mantiene son una serie de ritos, como pueda ser votar cada cuatro años, que, a pesar de ello, aunque el mecanismo sufra ya una esclerosis avanzada, es la esencia misma de la democracia.

Lasalle es también muy crítico con la concepción de la democracia y sobre ese ¿bulo? de que es el pueblo soberano el que tiene el control de los regímenes democráticos, ya que, y lo explica con datos históricos, que muy pocas veces el global de los ciudadanos ha decidido nada.

De hecho, son muchos los pensadores liberales que rechazan conceptos como la soberanía popular, porque lo único que quieren es consumidores, y no ciudadanos con plenos derechos políticos.

Por la implicación

Lo único que no hay que hacer, defiende Frédéric Gros en Desobedecer, es no hacer nada, debido a que la democracia liberal, de la que creíamos que tenía sólidos cimientos, se resquebraja por momentos, y por las grietas surge algo que podríamos definir como democracia iliberal, que en España podría estar representada por VOX.

El texto rezuma la impronta de Wilhem Reich, y resuena a lo largo de las páginas del libro una de sus frases más famosas, la que dice que “La verdadera cuestión no es saber porque se rebela la gente, sino por qué no se rebela”.

Fuente – InfoLibre

Imagen – WTF Colorado / PSOE / Sarah Marshall / Foreign and Commonwealth Office / Manuel Martín / Christian Philippe / Roberto Cárdenas

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