La industria editorial española en la picota

La crisis coyuntural del coronavirus, que se viene a sumar a otra más de fondo del sector editorial, está haciendo que se repiense el negocio de la publicación y se prevé una futura reconversión del sector, que como primera medida está optando por recortar sus catálogos

Una de las grandes paradojas de la industria editorial española es que nos encontramos en un país donde se lee muy poco pero que se encuentra a la cabeza de europea en libros publicados.

A todas luces nos encontramos ante un modelo disfuncional, y que ahora, con el «parón» al que se ha visto sometida la economía por la crisis del coronavirus, se está comenzando a poner en solfa, en la búsqueda de un tipo de industria más pegada la realidad de la lectura en nuestro país.

Errata Naturae se descuelga de un mercado elefantiásico

Dentro de esta reflexión que está llevando el sector editorial en su conjunto, la editorial madrileña ha informado que, en los próximos meses, este mes de mayo y el próximo mes de junio, no publicarán novedades.

Como ya hemos indicado en la introducción del artículo, la sangrante paradoja de que siendo España un país con uno de los menores índices de lectura de toda la Unión Europea, es uno de los países donde más libros se publican.

Muchos de ellos, por tanto, tienen como destino final, cuando pronto acaban descatalogados, su destrucción y posterior reciclaje para la producción de nuevas hornadas de libros, muchos de ellos que nunca serán leídos.

Con los últimos datos que se conocen, los del 2018, se publicaron más de 76.000 títulos, que contrastan con los 68.000 del vecino país galo, donde el número de lectores es mucho mayor que el que podemos encontrar en la piel de toro.

Como ya hemos explicado en otros artículos recientes de este blog, el «cerrojazo» ha paralizado completamente las redes comerciales de las editoriales, tanto la venta minorista en librerías y casi también la venta online.

Un modelo insostenible

Una de las consecuencias, una de las pocas buenas, que ha tenido el «cerrojazo» para el sector editorial es que se ha tenido un tiempo de sosiego para reflexionar sobre el modelo editorial, y a la conclusión que han llegado la gran mayoría de los actores del sector es que es insostenible.

Ni entre los libreros ni entre las editoriales, ya nadie duda de que llevamos años alimentando una «burbuja» que es posible que estalle con motivo de la crisis económica que va a provocar el coronavirus.

El «talón de Aquiles» de la industrial editorial española es la poca «vida útil» que tienen los libros, en un mercado plagado de novedades que orilla en pocas semanas los títulos de los expositores de las librerías.

La rotación de títulos en una librería es enorme, lo cual hace esquizofrénico el día a día de un librero ya que carecen de tiempo material para organizar su fondo editorial, leer las novedades y realizar la necesaria labor de recomendación a los lectores.

Eso también va en perjuicio de las editoriales, ya que están sometidas a una avalancha constante de devoluciones, lo que además que hace que solo lo puedan soportar aquellas con el suficiente «músculo» financiero, las somete a unas tensiones logísticas difícilmente soportables.

Un complejo engranaje

La «maquinaria» que rige el negocio editorial en nuestro país es compleja: las librerías adquieren los libros a las distribuidoras, que son la bisagra entre las editoras y el comercio minorista.

Estas distribuidoras no solo se encargan de distribuir los libros a las librerías sino con todo lo que tiene que ver con la logística e inclusive se encargan de la publicidad, y las librerías realizan compras «en firme», esto es, tiene que pagar en dinero contante y sonante por cada volumen que adquieren.

En el caso de las devoluciones, las distribuidoras suelen dar a las librerías «vales» que les permiten adquirir, en un sistema casi de trueque, los nuevos títulos que van saliendo al mercado.

Las devoluciones se producen porque las librerías, sobre todo las independientes, no tienen capacidad de almacenar todo lo que les llega, por lo que obligatoriamente tienen que descartar la mayor parte de los volúmenes que no comercializan.

La relación comercial que mantienen editorial y distribuidora es un poco más compleja, dado que prácticamente no hay intercambio de dinero y la editorial paga a sus distribuidores con nuevas tandas de libros.

En dicho trasiego, la cadena editorial – distribuidora – librerías se van tres de cada diez euros que mueve el sector, un sector que, en el año 2018, el último del que hay datos, llegó a «mover» 2.300 millones de euros.

Devoluciones, las editoriales en la cuerda floja

Son uno de los grandes problemas de las editoriales, que en determinados casos pueden trastocar incluso su cuenta de resultados, si dicha casa editora ha hecho una apuesta fuerte por un título determinado y este no logra las ventas esperadas.

Por ello, y para no «pillarse los dedos» la generalidad de las editoriales opta por la diversificación, haciendo varios lanzamientos al cabo del año y también por no hacer grandes tiradas de cada título.

Si algún libro tiene éxito, siempre se está a tiempo de hacer todas reediciones necesarias para hacer frente a la demanda, de manera, que como se dice en el sector de libro, no suele ser un buen negocio «poner todos los huevos en la misma cesta».

Además de las muchas veces draconianas políticas de devoluciones, los libreros también denuncian presiones de los grandes grupos editoriales para que sus libros ocupen los lugares más preminentes de los expositores.

Recortes en el catálogo

Además de por razones coyunturales producto de la crisis del covid-19, se detecta un cambio de política de las editoriales con respecto a los catálogos, ya que son legión los grupos editores españoles que «han metido la tijera» a sus catálogos.

Una de esas casas editoras es Anagrama, que ha reducido sus novedades un 20%, pero, y esto es importante, sin perder su diversidad, manteniendo un buen número de títulos que se sabe a ciencia cierta que nunca será superventas.

También desde algunas editoriales se critica la reducción de catálogos, ya que habrá muchos buenos libros, sobre todo de grandes grupos editoriales, que se quedarán sin publicar, y se optará por o más fácil, esto es, sacar al mercado solo aquellos que tenga buenas ventas aseguradas.

Fuente – InfoLibre

Imagen – RachelH_ / Garoa / FAIRCHILD AIR FORCE BASE / Jamie Walker / Lav Ulv / Secretaria de Cultura Ciudad de México

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