Memorias de una burguesa azerí

Siruela publica por primera vez en castellano Días del Cáucaso, en la cual, bajo el pseudónimo de Banine, la azerí Umm El-Bansu Äsâdullayeva nos narra su azarosa vida: de una vida regalada de burguesa en Bakú a tener que ganarse la vida con cualquier trabajo en el París de entreguerras

Para los no avisados de la geopolítica del otro lado del telón de acero, azerí es el oriundo de Azerbaiyán, en lo que actualmente es una república independiente, que recobró la libertad en 1990.

Desde el año 1924, que fue invadida por el ejército bolchevique, perteneció a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, dado que el petróleo que tenía ese territorio era vital para del despegue económico del imperio soviético.

De lo que hoy os hablamos es de un libro de memorias de antes de esa invasión, escrito por Umm El-Bansu Äsâdullayeva, que publicó el volumen bajo el pseudónimo de Banine, siendo una digna representante de la alta burguesía de Bakú, la capital de Azerbaiyán.

Caído en el olvido

La primera edición de Días del Cáucaso data del año 1945, poco después del final de la II Guerra Mundial, producto del genio literario de una emigrante azerí, Umm El-Bansu Äsâdullayeva, que era su verdadero nombre.

Nacida en Bakú, que aún hoy en día sigue siendo la capital del país, en el año 1905 pertenecía, por nacimiento y derecho propio, a la alta burguesía de aquel país, con una familia, tanto por parte materna como paterna, dedicada al comercio del petróleo.

La ida de utilizar un pseudónimo, Banine, se la dio Jean Paulhan, que por aquella época era el director de La Nouvelle Revue Française, la revista literaria que entre otros fundase André Gide.

De hecho, la mayor parte de los amigos de Äsâdullayeva orbitaban alrededor de esa revista, y la escritora, fallecida en el año 1992, tuvo como allegados a personajes tan destacados de la cultura francesa de la época como Marguerite Yourcenar o Paul Eluard.

En 2019 vuelve a ver la luz

El volumen durmió el sueño de los justos, hasta que en 2019 el sello Pushkin tradujo el original a inglés y lo publicó, exportándolo a un buen número de países europeos.

En nuestro país lo acaba de publicar Siruela, bajo el título de Días del Cáucaso, con una cuidad traducción de Regina López Muñoz, que inclusive realza el relato traducido al castellano.

El libro está viviendo un relanzamiento por toda Europa, con una edición recientemente lanzada en Italia, y una edición en alemán que se ha tenido que retrasar producto de la pandemia de covid-19.

Pero quién más ha hecho por la resurrección del Días del Cáucaso ha sido su traductora al inglés, Anne Thompson – Ahmadova, cuyo primer encuentro con el original tuvo lugar en Bakú hace más de veinte años, cuando escuchó por la radio de Azerbaiyán una dramatización de la obra.

Tal como indica Thompson – Ahmadova, el libro recupera de manera muy vívida la atmósfera burguesa de Bakú años antes de que la «bota soviética» anexionase el territorio de la república a la URSS.

Además, su vida fue todo menos convencional y los problemas que refleja el original son casi los mismos que se viven en el Azerbaiyán moderno.

La vida moderna con un alma del pasado

Banine procedía, por la rama materna y por la rama paterna, de dos pudientes familias dedicadas al negocio del petróleo.

La familia vivía en una permanente contradicción, ya que degustaban las «mieles» de todo lo que el dinero les podía proporcionar de la vida moderna – coches veloces, bebidas importadas y música de otras latitudes – con tener que vivir en una sociedad anclada en el pasado.

El ideal social en aquella época en Azerbaiyán era vivir con la sencillez que correspondía a una sociedad, que, hasta el descubrimiento del petróleo, se había basado en la agricultura y la ganadería.

La familia de Umm El-Bansu Äsâdullayeva también era peculiar, dominada por un matriarcado en el que reinaba una abuela que despreciaba todo lo que «oliese» a modernidad y a la vida occidental.

También eran peculiares sus tías, que se pasaban el día fumando y jugando a las cartas, sin otra ocupación que holgar y dejar pasar el tiempo.

Completaba la familia un padre viudo que nunca paraba en casa debido a que el negocio petrolero le absorbía la mayor parte de sus energías y lo mantenía en viaje permanente entre Bakú, Berlín y Moscú.

Tradición y cosmopolitismo

Es lo que exuda Días del Cáucaso, así como un intento de integración de lo que suponía oriente y también occidente, lo que finalmente hace que la «mirada» de Banine sea ácida, divertida y que huya de cualquier prejuicio.

La primera de las contradicciones la tuvieron ella y sus tres hermanas, cuando de institutriz tenían a una teutona que se encargó de crear una atmósfera infantil más propia de niñas alemanas que de una familia musulmana observante, como era la de Banine.

La invasión soviética lo trastoca todo

Con la URSS ávida de petróleo para «regar» su despegue económico, Azerbaiyán era un «imán» para las ansias expansionistas de los sóviets, lo que hará que los «días de vino y rosas» terminen para la familia.

Con una familia caída en desgracia, para los soviéticos la burguesía azerí era un enemigo declarado, pierden todos sus bienes.

Para lograr su libertad y la de su familia, Banine se vio obligada a casarse con un hombre mucho mayor que ella, aunque finalmente logrará escapar de un matrimonio concertado y del país, refugiándose en París.

Ganarse la vida

Su vida en París, que narró en Días en París, fue todo menos fácil para una emigrante de un país que pocos franceses podían colocar en un mapamundi, y que pasó de tenerlo todo a tener que ganarse la vida con cualquier trabajo.

Fue por mediación de la segunda mujer de su padre, como Banine se pudo emplear como modelo de alta costura.

Finalmente, y como el trabajo de maniquí no le atraía lo suficiente, paso por diversos empleos, desde secretaria a profesora de música.

Se estabilizó laboralmente realizando traducciones, sobre todo de autores rusos, como Dostoievski y también como redactora de diversos medios de prensa.

Conocer a Ernst Jünger

Fue uno de los puntos de inflexión de su vida, en pleno París ocupado por la Wehrmacht y donde Jünger era oficial del ejército de ocupación; la amistad entre los dos se mantendría por más de 50 años.

Durante los años de la posguerra europea conoció también a otros importantes literatos, como es el caso de Iván Bunin; del Premio Nobel llegó a decir que “llevaba su arrogancia como otros llevan una toga”.

En los años ochenta del pasado siglo trabó amistad con librero alemán Rolf-Heinrich Stürmer al que pocos años después nombraría su albacea y que le había sido presentado por Jünger, que habló que buena parte de su vida la escritora azerí vivió gracias al auxilio de sus amigos ricos e influyentes.

Fuente – EL PAÍS / Azerbaiyán en Wikipedia / La Nouvelle Revue Française en Wikipedia / Wehrmacht en Wikipedia

Imagen – Daniel Duce / Ninara / Casa del Libro / Sicnag / Caillopejen / Dmitriy Fomin / pxfuel / Archivo Federal de Alemania

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