El Holocausto se queda sin supervivientes

Cada día es menor la memoria viva de aquellas personas de origen hebreo que fueron internadas en los campos de exterminio nazis. Muchos de ellos cuentan con más de 100 años, aunque siempre nos quedará el testimonio de aquellos que dejaron por escrito su experiencia en uno de los mayores genocidios cometidos en Europa, y en el Mundo

El asesinato de seis millones de judíos europeos tras la Solución Final ha hecho correr ríos de tinta, sobre todo de supervivientes del Holocausto que contaron su experiencia en los campos de exterminio.

Autores como Primo Levi, Liana Millu o Imre Kertész contaron en primera persona lo fue aquel genocidio, pero cada año que pasa quedan menos de los escritores, y escritoras, que describieron aquel horror.

De hecho, muchos de los pocos supervivientes que aún están con vida promueven registrar de alguna manera su testimonio, inclusive un testimonio audiovisual, para que nunca se pierda la memoria.

Centenarios que fallecen

Es el caso de Boris Pahor, un superviviente del Holocausto, que ha fallecido con 108 años, que unía a su condición la de luchador antifascista.

Este partisano esloveno, aunque nacido en la localidad italiana de Trieste, escribió Necrópolis, publicado en castellano por Anagrama, y como otros autores huyó de la banalidad para transmitir el horror vivido.

Si algo tiene miedo los pocos supervivientes que quedan vivos, es que con su muerte desaparezca la memoria, y las generaciones futuras olviden un genocidio, desgraciadamente desde el final de la II Guerra Mundial ha habido otros muchos, del que se debe guardar memoria.

Ya el propio Jorge Semprún, internado en el campo de Buchenwald y después luchador antifranquista, se mostraba preocupado porque la experiencia vital de los supervivientes de los campos se diluyese en la Historia.

Una preocupación que viene de antes

Ya desde hace más de 30 años, instituciones como el Centro de Estudios del Holocausto y del Genocidio, de la Universidad de Minnesota, lleva creando archivos de Historia oral y audiovisual.

A pesar de ello nada va a suplir la transmisión de conocimiento que daban los supervivientes de los campos de exterminio.

Y ello porque la conexión personal que se logra con alguien que ha sobrevivido a un genocidio provoca una transformación en las personas, ya sea un investigador o una audiencia más amplia, provocado una transformación en esa audiencia.

Levi esencial

El escritor italiano de origen hebreo Primo Levi, el mismo superviviente de los campos de exterminio nazis, publicó en el año 1947 el libro Si esto es un hombre, sin duda uno de los textos esenciales en la memoria del Holocausto.

Con una reducida primera tirada de 2.500 ejemplares, la sociedad europea e italiana no estaban preparadas para metabolizar la memoria de un superviviente del Holocausto.

Leer Si esto es un hombre, remitía a los lectores de posguerra, y también a los actuales, la sensación que llegado el caso todos podemos acabar siendo víctimas de la furia asesina de un grupo de iluminados, ya se llamen nazis o sea cualquier supremacista de cualquier tipo.

Además, en la sociedad europea de posguerra, también se extendía la sospecha que, llegado el caso, y en unas circunstancias determinadas, también se podía ejercer el rol de victimario.

El diario de Ana Frank

También en plena posguerra europea, y en este caso en los Países Bajos, se publicaba bajo el título de El anexo secreto, lo que no muchos años después se conocería como El diario de Ana Frank.

Publicado originalmente en holandés, varias editoriales norteamericanas rechazaron el original hasta que una editora del sello Knopf, Judith Jones, decidió publicarlo, convirtiéndose el libro en un best seller.

Fue ese tipo literatura del Holocausto lo que permitió conocer a muchos alemanes la maquinaria de exterminio que habían creado los nazis y que exterminó no solo a seis millones de judíos.

Antes los nazis habían creado otros campos de exterminio donde internaban, y acababan asesinando, a toda la disidencia política democrática y a alemanes que eran considerados subhumanos (untermenschen).

En esa categoría cabían todo tipo de minusválidos, desde los físicos pasando por los sensoriales, los enfermos mentales y lo que los nazis calificaban como elementos antisociales como homosexuales o gitanos.

De hecho, muchos alemanes, ya entrados los años 60 del pasado siglo, desconocían la existencia de campos de exterminio como Auschwitz o Buchenwald.

La serie Holocausto

Programada en los años sesenta del siglo pasado en la televisión alemana, sus cinco episodios provocaron un movimiento tectónico en la identidad alemana.

Aunque se trataba el Holocausto casi como un hecho trivial, obligó a los alemanes a mirarse en el espejo de lo que había sido el Régimen Nazi, que gobernó, no lo olvidemos desde el año 1933 a 1945.

De hecho, el NSADP y el canciller Hitler, subieron a poder tras unas elecciones democráticas tras lo que, después de despedazar al resto de formaciones políticas, crearon el III Reich Alemán y provocaron otra guerra mundial.

De hecho, los jóvenes de esa época, ubicados entre los 14 y los 19 años, expresaban que habían aprendido más del Holocausto con la serie de televisión en cuestión que en el colegio y en el instituto.

Auschwitz hasta en la sopa

En los últimos años, y el proceso seguramente surgió a partir del libro El niño con el pijama a rayas, utilizar en el título del libro el campo de exterminio ubicado en la localidad polaca de Oświęcim se ha convertido reclamo para vender.

En pocos años, y en el mercado de libro en español, se han publicado Las modistas de Auschwitz, La bailarina de Auschwitz, y El farmacéutico de Auschwitz, por lo no hablar del infumable El tatuador de Auschwitz.

Algunos están escritos desde el rigor histórico, como el caso de La bibliotecaria de Auschwitz, del español Antonio Iturbe, que hasta el momento ha logrado vender medio millón de ejemplares.

Muchos de estos libros sobre el Holocausto lo único que están consiguiendo es banalizar lo que sucedió en el Holocausto, convirtiendo al mismo en un reclamo comercial más, manejado con poco rigor histórico.

Los imprescindibles

Entre ellos podemos destacar cuatro, que serían Los años de la persecución (1933-1939), de superviviente e historiador Saul Friedländer, y su segunda parte, titulada Los años del exterminio (1939 – 1945).

También conviene leer Una vida interpela el diario de una internada en los campos de exterminio, Etty Hillesum, y por último Anatomy of a Genocide: The Life an Death of a Town Called Buczacz, obra del historiador israelí Omer Bartov.

Fuente – EL PAÍS

Imagen – Antonio Giardello / FSCC / Alfred Essa / Peter K. Levy / Andrew Milligan / Giles Douglas / Casa del Libro

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