Una maravillosa iniciativa se abre paso en el país donde gobierna la ultraderechista Giorgia Meloni: bajo el hashtag #Svuotalavetrina hay italianos que llegan a librerías y compran todos los libros que haya en el escaparate; de esta manera librerías que andaban de capa caída han logrado vender de una vez hasta 10.000 euros en libros

Uno de los sueños más húmedos de cualquier bibliófilo que se precie, yo he tenido la tentación más de una vez, los recursos económicos desgraciadamente, no, es llegar a una librería y decir al dependiente o la dependienta: ¡Me lo llevo todo!
Este ejemplo parece que está cundiendo en Italia, en donde un movimiento incipiente y que parece de largo recorrido, tiene por costumbre llegar a cualquier librería y comprar todos los libros que se encuentren en el escaparate.
Ni que decir tiene que esto está siendo el agosto – aunque la canícula en este momento del año es fría y lluviosa – de muchos libreros, que empiezan a pensar que otro futuro es posible.
Sin embargo, no es que la mayoría de la población haya dejado el fútbol y la cerveza para cultivar su espíritu con la literatura, sino que es un movimiento de y para bibliófilos, que por lo visto son más abundantes que en la Piel de Toro.
Svuota la vetrina

Es el nombre del movimiento, que se podría llegar a calificar como revolucionario, que podría traducirse al castellano como Vacía el escaparate, se basa precisamente en eso, en comprar todos los libros que haya en el escaparate.
Iniciado el pasado agosto – no vamos tan descaminados con lo de la canícula – deviene en revolucionario por el hecho de reivindicar la lectura como elemento esencial de la vida, en una Italia y en una Europa donde los índices de lectura hay que buscarlos casi bajo tierra.
El ejemplo ha cundido en librerías legendarias del país que vio nacer a Umberto Eco: un bibliófilo anónimo compró, no hace tanto, todo el escaparate de la mítica librería milanesa Hoepli; la cuenta fue de 10.000 euros.
El ejemplo va cundiendo

Como es el caso de la editora Daniela Nicoló, una lectora compulsiva para la cual su trabajo es su afición y su afición su trabajo.
Para ello eligió la pequeña librería I Baffi, también ubicada en la capital de Lombardía, donde compró todos los libros que estaban en el escaparate como una manera de reivindicar el poder transformador de la palabra escrita.
El movimiento también está presente en las redes sociales, concretamente en Instagram, donde estos maravillosos acaparadores de libros suben las fotografías de los escaparates que adquieren, bajo el hashtag de #Svuotalavetrina.
El ejemplo va cundiendo y ya son casi 30 las librerías que han visto como esos maravillosos locos inspirados por Gutenberg «asaltan» la librería al grito de ¡Lo compro todo!
Un cañonazo en la línea de flotación

La situación del sector editorial minorista – vamos, las librerías – es delicado en Italia, como también lo es en España, aunque el libro físico sigue resistiendo, a pesar de que en el país que gobierna Giorgia Meloni los agoreros, como en otras latitudes, llevan décadas anunciando el fin de los libros en papel.
En el caso de Italia, el país cuenta con 3.706 librerías, siendo independientes un 60% de las mismas, empleando aproximadamente a 11.000 personas, según los datos de la Asociación de Libreros Italianos.
Desde el asociacionismo librero se indica que el momento es crítico para los libros en papel, y reivindican que tienen que luchar contra un mainstream que defiende la ignorancia con un valor.
Una sociedad que no lee es una sociedad expuesta a todos los peligros, siendo uno de los principales valores de la letra escrita que desarrolla el espíritu crítico de los ciudadanos, una buena forma de combatir a la ultraderecha que se cierne sobre muchos gobiernos europeos, inclusive en la propia Italia.
Lejos quedan aquellos años, corría la década de los años setenta del pasado siglo, donde se fomentaba la lectura y donde los ciudadanos italianos desarrollaron la idea cierta que los libros podían cambiar el destino de las personas.
Meloni no abona el terreno

El ejecutivo de ultraderecha de Giorgia Meloni no está haciendo nada por revertir las estadísticas sobre lectura, que informan que solo el 40% de los italianos ha leído por lo menos un libro en el año 2023.
El movimiento #Svuotalavetrina pretende visibilizar eso: hasta ahora han sido 28 escaparates los que han sido adquiridos, y la inductora de la iniciativa en Instagram invita a que suban una foto del escaparate adquirido utilizando el hashtag #Svuotalavetrina.
En resto de la Unión Europea las librerías están de capa caída, aunque en nuestro país los datos se pueden leer inclusive como esperanzadores.
Los últimos datos publicados, los que corresponden al año 2023, reafirman la tendencia del año anterior, y el 52% de la población lee libros al menos una vez a la semana.
A pesar de ello sube el porcentaje de aquellos que no leen nada: los ágrafos, voluntarios que es lo más sangrante, representan en España es casi el 36% de la población.
También cae, bien es cierto que ligeramente las personas que dedican su tiempo libre a la lectura, que suman el 64,1% de ese 52% que sí lee, lo que supone el 33,3% de la población española.
Los datos provienen del Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros en España 2023, a la espera que a finales del próximo enero se publique el informe sobre 2024.
Y ya que estamos en Navidades

Aunque este artículo va a «toro pasado», las fiestas navideñas nos han demostrado que los libros no solo sirven para cultivar la mente y el espíritu, si no que también pueden servir… para confeccionar árboles navideños.
Lo mejor para confeccionar un árbol navideño es contar con libros de tapa blanda que son los que más se adaptan a poder configurar con ellos una efigie que se parezca a un árbol navideño.
El método es sencillo, ya que sí abrimos un libro de tapa blanda por la mitad y lo disponemos en posición de cúbito prono, además de haber construido un refugio la imagen es similar a las hojas de un árbol, en este caso navideño.
A partir de ahí no hay si no que superponer un libro abierto sobre otro, con diez volúmenes puede ser suficiente, y tendremos un original árbol de Navidad, bien es cierto que de tamaño bonsái.
Aunque estemos al final de la temporada navideña, no está demás poder tener ideas para las Navidades del 2026.
Fuente: EL PAÍS / eldiario / Gente en EL PAÍS
Imagen: Jorge Franganillo / Bex Walton / Rusell Trow / Hans Wakataitea / Frédéric Bisson / William Warby









