Humor de posguerra

Casi 40 años de humor gráfico durante la dictadura dan para mucho, y Santiago Aguilar y Felipe Cabrerizo han tenido que resumirlo solo en solo 624 páginas, en las cuales podemos ver la evolución del humor gráfico en España durante la dictadura franquista, periodo en el que funcionaba la censura previa

En lo más crudo de la posguerra, con un racionamiento, entre otros, de alimentos, y entre otras penalidades, la revista La Codorniz demostró que inclusive en la situación de emergencia vital en que vivía la mayor parte de los españoles, el humor gráfico seguía siendo posible.

La revista se mantuvo en activo entre los años 1941 y 1978, cuando se estrenaba la democracia y las libertades. Lo más curioso del tema es que La Codorniz tuvo la suficiente habilidad como para sortear la censura previa franquista.

Ahora se publica La Cordoniz. De la revista a la pantalla, escrito en comandita por Santiago Aguilar y Felipe Cabrerizo, en donde recuerdan lo mejor de una revista que creó «escuela» en lo que se refiere las historietas de humor en nuestro país.

Lo mejor de una generación

A pesar de que la revista satírica se pudo publicar desde los comienzos del Régimen hasta que se produjo el advenimiento de la democracia, La Codorniz tuvo que sortear un buen número de problemas.

Por lo demás, en La Codorniz se encontraron lo más granado de la cultura, maltrecha cultura, que se podía encontrar durante el erial del Franquismo. Allí se podía encontrar a humoristas como Mihura, Neville, Chumy Chúmez o Azcona.

A pesar de que La Codorniz marcó una época, llegada la transición y el tímido ejercicio de las libertades, el nuevo humor, mucho más irreverente que el que se permitía La Codorniz, hizo que el proyecto editorial dejase de ser posible.

De hecho, también fueron reputados cineastas, como Azcona o Berlanga, los que participaron activamente en el desarrollo de su revista, aplicando sus talentos visuales a unas historietas gráficas llenas de humor.

Reduccionismo absurdo

De cualquier de las maneras, tal como argumenta Felipe Cabrerizo, uno de los coautores, intentar calificar a la panoplia de autores de La Codorniz como antifranquistas y meterlos a todos en el mismo saco es un absurdo.

En La Codorniz se dieron cita personas del más variado «pelaje» ideológico, producto de que, a pesar del Régimen franquista, España, afortunadamente, era ya diversa, aunque los «rojos» tuvieran que guardar la compostura.

Fundada por un falangista

El fundador de La Codorniz no fue otro que Miguel Mihura, un falangista de reconocido prestigio, aunque ya en el temprano año 1944, fue sustituido en la dirección por Álvaro Laiglesia, que como no podía ser de otra manera también estaba a bien con el Régimen.

A pesar de la rigidez ideológica del Régimen, la nueva revista fue bien acogida, generalmente por un público joven, que veía en La Codorniz un nuevo referente, alejado en cierto modo, de la cultura oficial del franquismo.

Con el tiempo la irreverencia presente en La Cordoniz, utilizando el término dentro de las debidas cauciones de estar en una dictadura, permeó a la prensa y al cine que se hacía durante ese periodo.

El de la publicación que fundase Miguel Mihura era, sin ambages, un humor irreverente, que rápidamente, casi desde su fundación, cargó contra los tópicos del Régimen, con un humor ácido que reventaba los tópicos del país idílico que «pintaba» la propaganda franquista.

Nueva tropa

Dentro de la dilatada vida de la revista, estamos hablando casi de un periodo de treinta años, el punto de inflexión lo marcó, en los años 70 del pasado siglo, la irrupción de una nueva generación de humoristas, encabezados por Chumy Chúmez.

Fue a partir de ese momento en el cual La Codorniz comenzó una «guerra fría» con los censores del Régimen, con comparecencias constantes de miembros de la redacción de La Codorniz ante los tribunales.

Entre la nueva troupe que llegó a la redacción se encontraban auténticos maestros del humor como Miguel Gila, Evaristo Acevedo o el también director de cine Rafael Azcona, en unos momentos en que, por demanda de los lectores, las tiradas llegaban ya a los miles de ejemplares.

Un lector heterogéneo

Con el éxito rotundo de la revista, se amplía el número de lectores y su procedencia; ya no solo es un público joven ni de enemigos ideológicos del Régimen, sino que incluso conspicuos franquistas se suscriben a la publicación.

Además, desde La Codorniz, se utilizaban la realidad que vivían todos los españoles, como podía ser el alza del precio del pan, para por ese resquicio hacer una enmienda a la totalidad, en tono humorístico, al andamiaje socio político del Régimen.

A medida que el Régimen seguía perdiendo fuelle, y por tanto llegaba a cada vez más público, los humoristas de la redacción tensaban cada vez más la cuerda, lo que, a pesar de la flebitis del Régimen, les llegó a costar multas e inclusive el secuestro algún que otro número.

Aparece la competencia

Si bien durante décadas La Codorniz fue la única revista de su género, por lo que quien quería «degustar» humor irreverente solo tenía la opción de leer esa publicación, con la llegada de la década de los años setenta del pasado siglo, irrumpe, por primera vez, la competencia.

Fue Hermano Lobo la publicación que principalmente «le pisó la manguera» a la revista que digiera Álvaro Laiglesia, e inclusive provoca que algunos humoristas de su «escudería», como es el caso de Chumy Chúmez, se integren en la redacción de Manolo Summers.

Además, en poco tiempo, Hermano Lobo empieza a comerle terreno a la que fuera el único referente en décadas del humor gráfico en España, y eso producto de que recalan en Hermano Lobo los que en poco tiempo se convertirán en genios del humor gráfico llegada la democracia.

Estamos hablando, además de los ya citados Manolo Summers y Chumy Chúmez, de humoristas como Forges, Perich, el argentino Quino y a Miguel Gila.

Aunque resulte paradójico, La Codorniz, que fue casi el único bastión, en el campo del humor gráfico, crítico con el Régimen, con la llegada de la democracia y las libertades, la revista fue cayendo en la irrelevancia hasta que en el año 1978 se extinguió.

Impronta en el cine

Es uno de los abordajes, novedoso, además, que podemos encontrar en La Codorniz. De la revista a la pantalla y es la influencia que tuvo en la cinematografía española de varias décadas la revista sucesora de La ametralladora.

De hecho, uno de los miembros de la redacción, y además cineasta, Neville, tuvo una sólida amistad con Charles Chaplin o Douglas Fairbanks, y también desde La Codorniz se impulsó los primeros balbuceos cinematográficos de Luis Buñuel.

De hecho, coincidiendo con la publicación del libro, se ha programado en la Filmoteca Nacional un ciclo dedicado a los directores de cine que formaron parte de la redacción donde también habitaba Alfonso Pedro Abelenda Escudero.

Entre las películas que se han programado están El hombre que viajaba despacito de Romero Marchent y Miguel Gila o La niña de luto de Manuel Summers, y donde se muestra la influencia que películas como Sopa de ganso o Una noche en la ópera, de los hermanos Marx, tuvieron que las películas que estos filmaron.

Fuente – el diario / Hermano Lobo en Wikipedia / Casa del Libro

Imagen – Malojavio / J. J. Melero / Alan Light / Jorinosa / Coentor / Fundación Kutxa / srgpicker / Insomnia Cured Here

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