Dibujados en las cuevas

El mamut es quizás el icono más famoso de la prehistoria. Ahora un buen número de libros, como Histoires de Mammouth pretenden hacer un poco de luz de un animal, que siendo en antecedente más remoto de los actuales elefantes, fue un objeto oscuro de deseo para el hombre prehistórico

Quizás una de las imágenes más icónicas de lo que fue la prehistoria son los mamuts dibujados en muchas de las cuevas donde se han encontrado restos de nuestros antepasados los hombres prehistóricos.

Los acercamientos literarios a la prehistoria son abundantes, para ello únicamente hace falta leer, lo podemos hacer en castellano porque Anagrama ha traducido la obra, Doggerland de la escritora gala Élisabeth Filhol.

El nombre remite a un territorio que unía las islas británicas con el continente europeo y que quedo sepultado por las aguas, del Mar del Norte en este caso, en la Edad de Hielo.

Ahí había algo

A pesar de que el Mar del Norte cubrió ese territorio, los pescadores de ambos lados de ese mar, tanto en la orilla británica como en la francesa, sabían que antes de ese mar, en ese espacio había existido Doggerland, aunque no conociesen la denominación.

Las aguas retornaban a tierra restos arqueológicos de la prehistoria, algunas veces inclusive huesos y colmillos de mamut, demostrando de manera práctica lo frágil de los ecosistemas, inclusive de los que disfrutamos actualmente.

En la otra punta del Globo, en Siberia, el cambio climático y producto de él el calentamiento global, está provocando el deshielo de permafrost comienza a aflorar también restos de mamuts.

Cinco millones de años

Es el tiempo que se estima que vivieron los mamuts sobre la tierra, extinguiéndose hace 4.000 millones de años, sí, cuando la civilización egipcia estaba en su apogeo.

Fue el final de la Edad de Hielo la que les obligó a extinguirse, aunque también hizo mucho nuestro antecedente más remoto, el homo sapiens que tenía la mala costumbre de cazarlos para alimentarse.

El mamut es uno de los iconos principales de la civilización europea, y ha adquirido, en parte gracias a la literatura una existencia entre imaginada y real que evoca lo más antiguo entre los antiguos recuerdos de nuestro continente.

Para los que pueden leer en francés, no está demás recomendar Histoires de Mammouth, de la historiadora, o mejor sería decir de la prehistoriadora Marylène Patou-Mathis, un libro de consulta imprescindible.

Asimilado por la cultura popular

Para hablar de mamuts no hay que ser un sesudo historiador, ya que, gracias a cientos, sino miles, de libros, artículos científicos tanto para especialistas como para legos en la materia, y películas y documentales, se ha convertido en un tema popular.

Y en estos últimos tiempos, una de las principales divulgadoras de la historia de los mamuts y de la prehistoria europea en general ha sido la ya citada Maryléne Patou-Mathis.

Esta doctorada por la Université Pierre-et-Marie-Curie publicará en breve, en la editorial Lumen su último libro El hombre prehistórico es también una mujer, una aproximación a la prehistoria desde la perspectiva de género.

Desde el punto de vista científico fue vital, inclusive para las creencias de la ciudadanía, más o menos ilustrada, la aparición en el siglo XIX de restos de mamuts y de hombres prehistóricos, en unos momentos en los cuales las doctrinas creacionistas «pegaban» con fuerza.

Transmisión cultural

Inclusive las pinturas en las cuevas donde habitaba el hombre prehistórico, donde se relataba su vida diaria y entre ellas la caza de mamuts, ha demostrado que en la prehistoria había inclusive trasmisión cultural.

Y ello porque se han encontrado pinturas prehistóricas que representan mamuts lanudos en zonas en las cuales nunca existieron los mamuts, lo que habla bien a las claras de que el hombre prehistórico se desplazaba de unas zonas a otras buscando el sustento.

Además, los hombres y mujeres de la prehistoria también eran coquetos, en la medida de sus posibilidades, y se han encontrado una rudimentaria joyería, en muchas partes el globo, manufacturada con marfil de colmillo de mamut.

En este caso todo hace pensar del trueque, por el cual muchas comunidades comerciaban con el excedente alimenticio que tenía para trocarlo por joyas de todo tipo, también de las realizadas en marfil.

La talla del hombre – león

De la que nos habla el historiador Neil McGregor en Vivir con los dioses (Debate) que es una talla, elaborada en marfil, que se elaboró hace 32.000 años y que fue encontrada en la Alemania en la cueva de Hohlenstein-Stadel.

Pero como ya hemos dicho, la razón principal por la cual el hombre prehistórico cazaba mamuts tenía que ver con la alimentación, en un tiempo en el cual todavía la civilización no se había convertido en recolectora ni en agricultora.

La prueba más antigua hallada de como los homínidos se comían a los mamuts la encontramos en la cuenca del Olduvai en Tanzania y eso sucedió hace 1,8 millones de años y es muy probable que los homínidos fuesen del género homo sapiens.

También se han encontrado otro tipo de restos que cimentan la hipótesis anterior, como es el caso de un resto de lanza neandertal al lado de restos de un mamut, que seguramente fuera cazado hace 120.000 años.

Prestigio social

Pero hay muchos historiadores que interpretan la caza de mamuts no solo desde el punto de vista alimenticio, se aseguraban comida para meses, sino también con un intento de notoriedad social.

Cazar un animal que podía pesar entre 100 y 200 veces el peso de una persona, por no hablar de su envergadura, era todo un logro y una hazaña y aquellos que lo conseguían recibían una importante consideración del grupo.

Además, cazar un mamut aseguraba para la «tribu» meses de comida y también tenía una lógica de optimizar recursos.

Ya que los cazadores tenían que arriesgar la vida en la caza y llevar a cabo un gasto energético importante mejor que la molestia se pagase con la caza de un animal comestible, lo más grande mejor.

Extinción

La hipótesis más plausible para la desaparición de los mamuts, al final de la era glacial, podría haber sido producto de la superexplotación, ya que como hemos dicho, cazar un mamut aseguraba a la «tribu» meses de comida.

Aunque también es posible que la era glacial provocase que los mamuts no pudiesen recorrer grandes distancias, y en esas circunstancias la endogamia acabó provocando la desaparición de la especie por la suma de taras genéticas.

Y en esas circunstancias la sobreexplotación – eran animales pesados que se movían con mucha lentitud – acabó dando el tiro de gracia a la especie.

Fuente – EL PAÍS

Imagen – Mariya Prokopyuk / Rab Lawrence / Ivan Radic / Graeme Churchard / Fährtenleser / Piqsels / Tanapon

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