H. P. Lovecraft, un fóbico compulsivo

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En H.P. Lovecraft: vida y obras ilustradas de los hermanos Agustín y Hernán Conde, nos encontramos con otra mirada del genio norteamericano de la literatura de terror y fantástica, encontrando el génesis de buena parte de su obra en las múltiples fobias que padecía

Cualquier moderado aficionado a la literatura de ficción al menos ha oído hablar de H. P. Lovecraft, y muchos de ellos ha leído alguna obra del genio de Rhode Island.

Al autor, de entre otros, de Polaris, tampoco le han sido ajenos los libros de semblanzas de biógrafos que pretendían ver más allá de la faceta pública del personaje.

En ese intento podemos encuadrar a H. P. Lovecraft: vida y obras ilustradas que acaba de editar el sello editorial Diablo Ediciones, producto del genio de dos autores argentinos: los hermanos Agustín y Hernán Conde.

La tesis que se defiende en el libro es que fueron las múltiples fobias que sufría el genio de Providence y sus miedos más cervales, los que supusieron el detonante detrás del que está la ingente obra de este orífice de la ciencia ficción.

Entre las dificultades que marcaron el devenir literario del nieto del empresario Whipple Van Buren Phillips, se encontraban dolencias raras como la esofobia (miedo a la luz diurna), neofobia (miedo al cambio) o criofobia (miedo al frío).

Un universo literario a escala de sus miedos

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Las múltiples dolencias que Lovecraft sufrió a lo largo de su vida, unido a su natural introspectivo, hizo descubrir a este escritor que la emoción más fuerte del ser humano y de toda la humanidad es el miedo, y en concreto el miedo a lo desconocido.

A partir de ese aserto, y jugando también con otras emociones, Lovecraft creó un universo literario a su medida, que también, por su éxito literario, se convirtió en el universo literario de millones de fieles lectores.

Autor de culto, pero poco conocido

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A pesar de que las reediciones de sus obras se cuentan por miles, la realidad es que bien poco se conoce sobre las intimidades de quien fuera el esposo de Sonia H. Greene.

Es precisamente por ese desconocimiento de los principales hechos biográficos del que es considerado como el padre del cosmicismo, por lo que los hermanos Conde publican H. P. Lovecraft: vida y obras ilustradas.

Un niño burbuja

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Sabiendo como fue su niñez, se puede entender mejor la evolución que sufrió como adulto y como escritor de terror y fantasía.

Fallecido su padre cuando contaba con la edad de ocho años, la sobreprotección de su madre y de dos de sus tías, convirtieron al joven Lovecraft en lo que en la práctica se podría definir como un niño ermitaño.

Una mezcla precisa de soledad y melancolía hizo que el joven Lovecraft se parapetase en un mundo fantástico que solo existía en su cabeza.

Claustro agorafobia

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Una de las múltiples dolencias que padecía el autor norteamericano era el miedo a estar en lugares arquitectónicos muy grandes.

Pero también es posible que su excesiva sensibilidad le hubiese «regalado» una patología denominada síndrome de Stendhal, que cursa con ansiedad cuando la persona se expone a obras de arte excesivamente impactantes.

Además, esos grandes monumentos arquitectónicos, como grandes edificios de la arquitectura de Nueva Inglaterra, grandes pirámides y pagodas son los escenarios en los cuales se desarrollaron los relatos de Lovecraft.

De hecho, el primer relato conocido de un Lovecraft adolescente, La bestia de la gruta, datado en el año 1905, se desarrolla en unas tenebrosas cuevas en las cuales el protagonista se extravía después de perder al guía.

Esofobia o miedo a la luz diurna

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El que se desempeñase también como corrector de textos, tenía una acusada fotofobia, que hacía que le resultase imposible escribir de día.

Cuando no le quedaba otra opción, y tenía que escribir de día, lo hacia bajando las persianas de la habitación donde estuviese trabajando, creando una atmósfera que recordaba a las horas nocturnas.

De hecho, las tinieblas de la noche ha sido la atmósfera en el cual se gestaron mucho de los relatos del Lovecraft, como Lo que trae la luna o La búsqueda onírica de la ignota Kadath, del año 1922.

Criofobia o miedo a frío

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Se trataba de una consecuencia de una enfermedad que padeció el autor norteamericano y que le impedía la regulación de su calor corporal.

El poikilotermismo, así se llama la enfermedad, hacía que. si la temperatura ambiente descendía de los veinte grados centígrados, sintiese en frio atroz que inclusive podía provocar que se desmayase.

Fueron dos los relatos que estuvieron inspirados en este miedo al frío. El primero de ellos fue escrito en el año 1926 bajo el título de Aire frío; el otro se tituló En las montañas de la locura y se publicó en 1931.

En el primer relato de los citados, la trama nos presenta un médico español que solo puede vivir en una habitación especialmente equipada para mantener bajas temperaturas.

La cosa se complica cuando la maquinaria que proporcionaba la temperatura gélida se estropea justo en el día más caluroso de ese verano.

Talasofobia o miedo al mar y a sus criaturas

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La lectura de la obra, del hijo único de Scott Lovecraft y Sarah Susan Phillips, nos enseña la pasión que el escritor tenía por los monstruos marinos, empezando porque en una de sus mitologías, aparece Cthulhu.

El personaje mitológico, un extraterrestre que llega al Planeta Tierra, tiene cabeza de calamar y cuerpo de dragón, que está recluido en los océanos, después de que hubiese sometido a todos los seres que habitaban la Tierra.

Neofobia o miedo a las nuevas experiencias

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Presente también en el corpus de su obra, por lo general sus protagonistas revolucionarios o científicos que descubren inventos que mejoran a la sociedad, acaban todos ellos sufriendo las consecuencias de su atrevimiento.

En sus textos también se puede rastrear una persistente xenofobia, que hace que los personajes más torturados sean aquellos que no pertenecen a la raza blanca, y anglosajona me atrevería a decir.

A esas dos características, cabe sumar la eclofobia, esto es, miedo a las grandes multitudes, de manera que, en sus relatos, caso de Polaris de 1918, el terror siempre proviene de hordas que provienen de la oscuridad.

En Polaris la antigua ciudad de Olathöe es invadida por una horda de demonios amarillos a los cuales no se puede vencer de ninguna de las maneras.

Ataxofobia o miedo al desorden

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Lovecraft era una persona que, para estar en sus cabales, tenía que vivir una vida rutinaria y con mucho orden; cualquier desorden podía producirle gran malestar.

Eso se traduce en las características de los dioses que creó en sus relatos, caso de Azathoth, creador de universo y que crea y destruye a tontas y a locas, sin ningún plan predefinido, debido a lo lábil de su conducta.

Fuente – el diario / Wikipedia

Imagen – Will Hart / Tee Cee / woodleywonderworks / Greg Walters / Andrew Fogg / Les Haines / Prayitno / ITU Pictures / Samantha

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