Amazing family

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Es el apelativo que le pusieron los medios de comunicación norteamericanos a la familia del escritor Thomas Mann, después de que este, por el advenimiento del nazismo, tuviese que exiliarse, primero en Suiza y posteriormente en Estados Unidos.

Militancia política y activismo social

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Una vez llegados al país que una vez gobernase Abraham Lincoln, Thomas Mann se convirtió en un furibundo antinazi, y se dedicó a dar charlas y conferencias a lo largo y ancho de Estados Unidos poniendo en solfa al régimen nazi alemán.

El activismo también lo heredaron sus hijos, cada uno de los cuales se buscó sus propias causas en las cuales volcar sus energías.

La hija mayor, Erika, se dedicó a militar en el progresismo y heredó la afición de su padre por las conferencias donde exponía sus ideas.

Klaus, otro de sus hijos, se convirtió en uno de los escritores más talentosos de su generación, aunque no llegó a superar a su padre en cuanto a la fama que adquirió.

Otra de las hijas de Thomas Mann, Elizabeth, se convirtió en una activista por el medioambiente, en una época en la cual el ecologismo estaba en estado embrionario.

Cuando la familia decidió huir del lo que pronto Hitler convertiría en un régimen totalitario, la llegada a los Estados Unidos fue «dulce» dado que fueron calurosamente acogidos por los Meyer, propietarios del rotativo The Washington Post.

Los Mann. Historia de una familia

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Es el título de la monumental biografía que acaba de publicar Tilmann Lahme, el jefe de la sección de cultura del rotativo alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung, que ahora publica en español el sello editorial Navona.

Inclusive para los cánones del progresismo norteamericano de aquella época, muchos temas que eran tabú, eran tratados por la familia con total naturalidad, como era el caso de la homosexualidad.

Los Mann fueron lo más aproximado al concepto de «ciudadanos del mundo» que se podía encontrar en el periodo de entreguerras en Estados Unidos.

Una familia de escritores

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El «parto» de Los Mann. Historia de una familia, no ha sido fácil, ya que Tilmann Lahme ha tardado tres años en culminar la escritura de este monumental volumen.

Para documentarse ha podido consultar el archivo del escritor y de la familia Mann que se encuentra desperdigado entre Europa y Estados Unidos.

Dentro del archivo de la familia Mann, el periodista alemán buceó en cartas, diarios, manuscritos de todo pelaje y hasta grabaciones de audio.

La familia Mann, además, tenía conciencia de que su legado trascendería a su propia existencia, de manera que, en la práctica, lo guardaban todo, especialmente lo que cada miembro de la familia escribía.

Consideraciones de un apolítico, su primera obra

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Se trata del primer texto que publicó el autor alemán poco tiempo después de la conclusión de la I Guerra Mundial.

El libro es una excusatio del nacionalismo monárquico alemán que estuvo en los orígenes de la I Guerra Mundial y donde el escrito fallecido en Zúrich se definía como no demócrata.

En años posteriores, Thomas Mann tuvo una evolución política que lo llevó de sus iniciales posiciones monárquicas a abrazar sin ambages la democracia y por tanto la República de Weimar.

Inclusive su evolución política fue tal que se convirtió en uno de los principales baluartes europeos contra el nazismo.

Su posicionamiento contra el III Reich le llevó, primero, a ser despojado de la nacionalidad alemana y a que el Reichsführer y ministro de propaganda Joseph Goebbels lo sometiera, a él y a su obra, a una persecución despiadada.

Dejar atrás el nacionalismo alemán

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Los estudiosos del escritor alemán tienen una opinión unánime de que la escritura de Consideraciones de un apolítico a pesar de ser un libro pudibundo, fue necesario para que el oriundo de Lübeck superase su nacionalismo germano.

Una vez convertido en un «totem» de la lucha contra el régimen nazi, su llegada a Estados Unidos, donde ya había una importante colonia judía, le abrió las puertas a dar conferencias a favor de las democracias burguesas y a escribir en las principales cabeceras de prensa.

Una vez terminada la II Guerra Mundial e iniciada la Guerra Fría entre el bloque comunista y las democracias occidentales, el escritor se convirtió en todo un personaje en la República Democrática Alemana, donde fue agasajado muchas veces.

Una considerable relación epistolar

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Con los miembros de la familia a caballo entre Estados Unidos y Europa, el medio más adecuado para comunicarse en aquella época eran las cartas, que en el caso de la familia Mann fueron cuantiosas.

Algunas de las misivas de los hijos a Thomas Mann tenían un interés puramente crematístico, ya que le pedían dinero para seguir manteniendo lo que se podría calificar de una vida de «hijos de papá».

Entre esos cientos de cartas, también hay espacio para que los miembros de la familia se cuenten sus escarceos amorosos y amoríos.

Thomas Mann, una homosexualidad algo más que latente

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La atracción que sentía por los hombres el autor de La montaña mágica era algo plenamente conocido por toda la familia y de lo que se hablaba sin tapujos.

De hecho, también hubo espacio para esas confidencias con su mujer y sus hijos en la abundante relación epistolar que mantuvo la familia Mann.

Inclusive confesar a su mujer Katia que se había enamorado de otro hombre tampoco provocó ningún tipo de vendaval en su vida conyugal.

Además, uno de sus hijos, Golo, era abiertamente homosexual y otra de sus hijas, Erika, aunque finalmente se acabó casando con un hombre, mantuvo varias relaciones de tipo lésbico.

La fama del padre una pesada losa para sus hijos

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Todos los hijos del autor de Los Buddenbrook tuvieron ínfulas artísticas o al menos literarias. Una familia con un literato tan ilustre fue el mejor caldo de cultivo para que sus hijos hiciesen sus «pinitos» literarios.

De hecho, Klaus fue celebrado por la crítica como un digno émulo de su padre, publicando, entre otras, Mefisto, que recibió los parabienes de los críticos literarios europeos más renombrados.

Sin embargo, Klaus y también Erika, que participaba en las veleidades artísticas de la familia, acabaron teniendo que cargar con el apellido Mann como si de una pesada cruz camino del calvario se tratase.

Aunque en un primer momento ser hijos de Thomas Mann les abrió las puertas a lo más selecto del mundo de la cultura europeo y norteamericano, ninguno de ellos pasó de ser «hijo de Thomas Mann».

En el caso de Klaus Mann, a pesar de que fue un escritor dotado de un gran talento, todas sus obras se analizaron desde la perspectiva de la comparación con lo que publicó su padre.

Klaus Mann, una vida disoluta

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El hijo del autor de José y sus hermanos tuvo una vida llena de vicios: desde el alcohol a todo tipo de drogas.

Los 49 años que vivió Klaus, fueron una huida hacia adelante salpicada de grandes borracheras, adicciones a todo tipo de drogas, entre ellas la cocaína, la heroína y la morfina, y uso intensivo de la prostitución masculina.

Finalmente, Klaus falleció de una sobredosis en la habitación de un hotel, y a su entierro solo acudió su hermano pequeño Michael, que por aquella época era un músico en ciernes, y que hizo gala en el funeral de la bien ganada fama de frialdad emocional de los Mann.

Katia, el «pegamento» de la familia

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Katia, la madre, fue la persona que logro que la familia no se disgregara y la única que pudo mantener a los Mann unidos ante las mayores adversidades.

Entre estas, se encuentra que una de sus hijas, de nombre Monika, dio pronto síntomas de locura y vivió toda su vida aquejada de fuertes depresiones.

Pero los problemas siguieron apareciendo periódicamente, como el enfrentamiento que tuvieron madre e hija cuando Katia publicó una biografía de su marido fallecido.

La controversia entre Katia y Monika provino de que la hija de Mann se auto adjudicó el papel de albacea del legado, sobre todo literario, del escritor fallecido en Suiza.

A Katia también se adornaba una enorme inteligencia política, superior a la de su marido, e hizo caso omiso a las relaciones homosexuales que mantuvo su marido, no dejando nunca de considerarle como el cabeza de familia.

También fue la encargada de gestionar el patrimonio familiar, máxime cuando Mann era un escritor y conferenciante de éxito que recibía altos emolumentos por su trabajo.

También era la que repartía dádivas y dinero entre sus hijos veinteañeros, a los cuales les gustaba vivir con un alto estándar de vida que la familia Mann – Pringsheim se podía permitir ya que vivía con desahogo.

Fuente – LETRAS LIBRES / Thomas Mann en Wikipedia / Reichsführer-SS en Wikipedia

Imagen – RETE DUE / NEW YORK POST / John Tregoning / Reynolds Libraries / European People`s Party / DIREKTOR / s_french / Guillaume Paumier / Jorge Láscar / Denis Vahrushev /

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