Fallece Rafael Sánchez Ferlosio

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El autor de El Jarama y Alfanfuí, calificado por muchos como el mejor escritor español del último siglo, ha fallecido en Madrid a la edad de 91 años mientras seguía embarcado en diferentes proyectos literarios. Un “escritor brillante” según el ministro de cultura, José Guirao

Si a alguno de los escritores españoles vivos se le podría dar el calificativo de «literato» este era Rafael Sánchez Ferlosio, que falleció ayer, a los 91 años, en Madrid.

Entre los «laureles» que le otorgaron en vida se cuenta el Premio Cervantes en el año 2004 y el Premio Nacional de las Letras Españolas en el 2009, galardones que magnificaron una vida consagrada a la literatura.

Probablemente han sido El Jarama (1955) e Industrias y andanzas de Alfanhuí (1951) lo que le dieron el calificativo, que de forma masiva le otorgó la crítica y el público, como uno de los mejores, sino el mejor, prosista español del último siglo.

Reconocimiento oficial

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El mundo de la cultura ha entonado un sentido pesar por la pérdida de un escritor que revolucionó la narrativa española con sus obras, a partir de los años cincuenta del pasado siglo, con libros de tronío como los ya citados Alfanfuí y El Jarama.

De brillante ha calificado el actual ministro de Cultura y Deporte José Guirao la obra del hijo de Liliana Ferlosio, un escritor que creo un nuevo paradigma en lo que se refiere al ensayo literario, social y político en castellano.

De ese género literario, del ensayo hablamos, publicó en el año 1992, dos completos volúmenes bajo el título de Ensayos y Artículos, y también, un año después, el ensayo Vendrán más años y nos harán más ciegos, con el que logró el Premio Nacional de Ensayo.

De casta le viene al galgo

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Rafael Sánchez Ferlosio nació en una familia donde la cultura siempre estuvo muy presente, no en vano era hijo de Rafael Sánchez Mazas, que además un reconocido ensayista fue uno de los ideólogos de Falange Española de las JONS.

Fue durante el tiempo en que su padre desempeñó su labor como corresponsal en Italia del diario conservador ABC, cuando el autor de El Jarama nace en Roma un 4 de diciembre de 1927.

Además, formó parte de lo que se conoció como «generación de los años 50» con otros insignes escritores como Ignacio Aldecoa, Carmen Martín Gaite o Juan Goytisolo, por citar solo algunos escritores que formaron parte de esa generación.

Huyendo de la fama hacia un trabajo intenso

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Fue con El Jarama con la obra literaria con la que se consagró como escritor, un volumen en el cual, entre otras cosas, fue capaz de reconstruir el español que se hablaban en España en la década de los años cincuenta del pasado siglo.

Escritor que se definía como «plumífero», esto es, que escribía con pluma, el reconocimiento que le reportó El Jarama, hizo que huyese despavorido de su fama como escritor, poniendo «pies en polvorosa» lo que definió como grotesco papelón de literato.

Quizás su época más productiva, tal como reconocía el mismo, fue la que medió entre octubre de 1954 y marzo de 1955, en donde, según sus propias palabras en La forja de un plumífero, se sumergió en la gramática – la Teoría del Lenguaje de Karl Bühler – y en la anfetamina.

De hecho, fue durante esos años, estamos hablando la década de los años cincuenta del pasado siglo, que, en el verano del 59, que se quedó solo en su domicilio madrileño, llegó a arrancar el cable del teléfono para poder trabajar con mayor concentración.

Un autor volcado en la creación literaria

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Fue a partir de los años sesenta del pasado siglo cuando amplía sus intereses literarios, y aunque nunca se excedió de la prosa, comenzó a cultivar en ensayo, del que llegaría a ser uno de los principales valedores españoles.

No en vano, como ya hemos citado, logró el Premio Nacional de Ensayo en el año 1993, con una obra titulada Vendrán más años y nos harán más ciegos, a lo que hay que sumar a su intensa actividad periodística.

Su carrera como columnista la desarrolló principalmente en el diario EL PAÍS, creando además sus propios «productos» literarios, como una suerte de aforismos a los que bautizó como «pecios», pero también notas, fragmentos, citas, «llamaradas e iluminaciones».

Filólogo, en parte autodidacta

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Educado en los Jesuitas, sus primeros años de universidad los cursó en la Escuela de Arquitectura, aunque pronto, desengañado con esos estudios, quiso ser filólogo.

Toda su carrera de Filología Semítica la cursó en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Complutense de Madrid, aunque nunca destacó como un buen estudiante.

En palabras propias, todo lo que realmente le interesó lo aprendió por su cuenta, y cultivó la amistad de los más importantes escritores que luego serían etiquetados como «Generación del cincuenta».

Entre esos literatos se encontraban Ignacio Aldecoa y Jesús Fernández Santos. Con Carmen Martín Gaite tuvo algo más que una amistad, ya que se acabaron casando y tuvieron una hija en común, Marta Sánchez Martín, que fallecería en la niñez.

Tras la separación de Martín Gaite, unió su vida a Demetria Chamorro, que le ha acompañado hasta el último suspiro, con la que tuvo a Lucía, de la cual es hija Laura, la nieta que ha alegrado sus últimos años.

Arrollado por los argumentos

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Creando con un lenguaje que era todo menos sencillo – sus obras están llenas de grandes frases subordinadas – sus volúmenes son literatura, y mucho más.

Aunque en ningún momento perdía el «timón» dirigiendo la obra en un rumbó para llegar a su destino, sus libros, no solo los de ensayo, son un continuo rumiar de ideas, todas ellas recurrentes.

Entre los grandes temas de sus obras encontramos el avance sin concesiones de la historia, la justificación del progreso, el individualismo como representante de la persona como individual e irrepetible o la sinrazón de las guerras.

La definición de la prosa de Ferlosio, para alguien que conoció bien al escritor como es Ignacio Echevarría, responsable de la publicación de sus ensayos, “es la de [una prosa] esencialmente proteica, que combina diferentes registros y que se atiene al principio general de la lealtad a la palabra”.

Sus «bestias negras»

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Sánchez Ferlosio también tuvo enemigos declarados, a los cuales dedicó, fundamentalmente en su obra, una buena cantidad de denuestos.

Entre sus «enemigos», por citar solo algunos de ellos, personas y actividades tan variadas como Walt Disney, Ortega y Gasset, el fútbol o la televisión.

Rafael Sánchez Ferlosio siguió trabajando hasta el final, como escritor de raza que era «murió con las botas puestas», estando embarcado en un proyecto bautizado como Historia de las guerras barcialeas.

A ese postrero proyecto debemos El testimonio de Yarfoz, al cual el propio autor no dudó en calificar como un libelo, enojoso de leer, pero no falto de razón.

Fuente – el diario / Wikipedia / EL PAÍS

Imagen – rtve / Diario de Madrid / Narodowe Archiwum Cyfrowe / JB / Christine und Hagen Graf / Horia Varian / Bago Games / Jeroen Bennink

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