Literatura con tinta parda

La literatura totalitaria, para algunos historiadores de la literatura ha existido desde los tiempos de Platón y llega hasta nuestros días, habiendo logrado abstraer el «canon» de ese tipo de literatura el poeta Charles Simic

Quién más quién menos, una gran cantidad de literatos han querido, con algunas de sus obras o con todas, aleccionar y adoctrinar a sus lectores.

En determinadas ocasiones la necesidad de publicar reside, aunque en un lugar recóndito, en querer, además de transcender, cumplir con la necesidad de haber dejado un legado, también ideológico y que perdure en las futuras generaciones.

Un campo abonado para los agitadores

Son legión los escritores, sobre todo los situados ideológicamente a la derecha, los que han confundido la obra literaria con el panfleto.

Posturas ideológicamente extremas, han sido salpimentadas con la participación en movimientos políticos de ultraderecha.

Quizás el panfleto político que más ha transcendido sea Mi Lucha, debido sobre todo a la «fama» que consiguió el personaje, después de haber provocado la II Guerra Mundial en la que murieron casi 60 millones de personas y haber exterminado a seis millones de judíos.

Como ya habrán acertado ustedes, por los datos aportados, se trata de Adolf Hitler, el Führer del III Reich alemán, que mientras estaba en prisión por ser el instigador de lo que en la historia de Alemania se conoció como el putsch bávaro, escribió el Mein Kampf.

El paraíso recobrado

Por lo general, los escritores fascistas de todos los tiempos – a raíz de eso he titulado el artículo Literatura con tinta parda, siendo el color pardo el de las camisas de las Sturmabteilung hitlerianas – pretenden, en muchos de sus libros, recuperar el paraíso perdido.

Eso sí, su paraíso personal o grupal, normalmente habitan personas que se mueven al ritmo del «paso de la oca», sin que en el «terno» que se lleve, sea cual sea, no falta el morrión prusiano, y normalmente suele estar dirigido por un César Visionario.

Ese último calificativo, el de César Visionario, lo cojo prestado de Francisco Umbral, y del título de una de las tres novelas monográficas que dedicó al Francisco Franco.

Un régimen político fascista que logró que en las cunetas de España haya más desaparecidos que los que provocó el régimen de los Jemeres Rojos en Camboya.

Phillip Roth, un autor maldito

Hay una cierta parte del a crítica que considera que Phillip Roth pertenece a ese grupo de autores totalitarios, y eso a pesar de que es de ascendencia judía y de la localidad norteamericana de Newark.

Cierta parte de la crítica le achaca que en sus novelas no era nada condescendiente con los protagonistas, judíos y norteamericanos que aparecían en ellos, máxime cuando el también era un estadounidense de origen hebreo.

Por otro lado, la visión que Roth tiene de la mujer en su obra literaria es muy negativa, además de citar, sin empacho, a escritores que por sus textos fueron represaliados por el régimen soviético.

Esos escritores eran Yuli Daniel y Andrei Sinyavsky, y parte del alegato final de este último ante el tribunal que los acabó condenando es enormemente transcendente: “Quiero repetir unos argumentos sobre la naturaleza de la literatura. Lo más rudimentario de la literatura —aquí empieza todo— es que las palabras no son hechos”.

El «canon» de Charles Simic

El poeta de origen serbio pero nacionalizado norteamericano ha creado una especie de «canon» en el cual extrae las características mínimas que tiene que tener una literatura para poder considerarse como totalitaria.

Dicha «literatura totalitaria» habría estado ya presente en los textos de Platón y sus coetáneos y se podría rastrear a lo largo de toda la historia de la literatura.

Uno de los rasgos más evidentes de ese tipo de literatura sería la separación entre el contenido y la forma, por lo que la labor de los escritores «liberales» el desenmascarar las ideas totalitarias que se esconden detrás de la forma.

Por otro lado, la literatura se convertiría, de ese modo, en una forma de hacer propaganda, lo que además tiene otra derivada: para los escritores totalitarios, el arte puro no deja de ser una blasfemia contra la autoridad.

En ese ecosistema, en el escritor y en el poeta no se puede nunca confiar, ya que dentro del «gremio», los que realmente son los artífices de la literatura serían los censores, siendo la censura algo absolutamente necesaria.

Robert Brasillach, ejecutado por fascista

El periodo de entreguerras y la ocupación alemana de Europa en la II Guerra Mundial fueron muy fecundos en literatura fascista, y Robert Brasillach fue un escritor francés que habitó el género.

Aunque vamos a seguir hablando de este enfant terrible de la externa derecha francesa, es conveniente saber que fue sometido a juicio acusado de colaboracionismo con el enemigo, y finalmente ajusticiado.

Hijo de militar caído en combate en Marruecos en los primeros compases de la I Guerra Mundial, Brasillach era un alumno modelo que acabó cursando sus estudios universitarios en la Escuela Normal Superior.

Educándose en el centro educativo de aquellos que están llamados a ocupar los primeros puestos de la administración del estado francés, el futuro se anunciaba espléndido para este burócrata con ínfulas de literato.

El auge de los fascismos

Durante los años treinta del pasado siglo, cuando se produce, entre las dos guerras mundiales, un auge de los fascismos, Brasillach pone su talento literario al servicio de la extrema derecha francesa.

Participó como columnista en la cabecera de prensa Action Française, un periódico ultranacionalista que a pesar de ello abjuraba del nacionalsocialismo que se estaba desarrollando en Alemania.

De hecho, el propio Brasillach, en una recensión de Mi Lucha, no tuvo empacho en definir el panfleto como “obra maestra del cretinismo exacerbado”.

Periodismo y literatura «con correajes»

En el año 1937, se convierte en el director de semanario Je suis partout, una publicación que destacó por su defensa de la extrema derecha y por su antisemitismo.

La dirección de la revista la simultanea con la ambición de erigirse como una de las primeras «plumas» de la literatura francesa, publicando Les sept couleurs, que, aunque fue presentado al Premio Goncourt del año 1939, no logró el galardón.

La II Guerra Mundial

Con el empleo de teniente combatió en la defensa de la Línea Maginot, y cuando, en pocas semanas, el ejército francés se rindió a los alemanes, fue recluido en un campo de prisioneros.

Pronto el Ministerio de Propaganda Alemán se dio cuenta del «filón» que habían encontrado con Robert Brasillach, por lo que lo excarcelaron.

Son las autoridades de ocupación alemanas los que le restituyen como director de Je suis partout, y es durante la ocupación alemana cuando vivirá su época de gloria.

Las autoridades alemanas, en su función de propagandista, lo llevaron a contemplar las fosas comunes de Katyn, donde murieron, ejecutados, cientos de soldados polacos.

Juico y ejecución

Escondido en una habitación tras la liberación de París por parte de los aliados, tras enterarse de la detención de su madre, acude por su propio pie a la prefectura de la policía en París, donde es detenido.

El 19 de junio de 1945 en un juicio que dura solo seis horas, es encontrado culpable de colaboracionismo y condenado a muerte, sentencia que se cumple el 6 de febrero de ese mismo año.

Entre la sentencia y la ejecución de la pena, hubo un movimiento entre ciertos escritores franceses – Jean Cocteau, Paul Valéry, François Mauriac, Jean Paulhan, Colette y hasta Albert Camus – que pidieron que se le conmutara la pena.

Reedición de sus obras

En los años noventa del pasado siglo, y en Francia, se reeditó parte de su obra literaria, que camina entre el esoterismo y el tradicionalismo.

Recientemente, en español y de la mano de Editorial Pardés, se ha reeditado una parte de su obra, que no deja de ser una buena iniciativa para ver los que se «cocía» en la Francia de los años treinta dentro de los círculos intelectuales de la extrema derecha.

Fuente – EL PAÍS / Segunda Guerra Mundial en Wikipedia / Putsch de Múnich en Wikipedia / Sturmabteilung en Wikipedia / Paso de la oca en Wikipedia / Philip Roth en Wikipedia / Charles Simic en Wikipedia / El Confidencial

Imagen – Camisas Negras en Wikipedia / Eolais / Rec79 / Wikimedia Commons / JLPC / Guise / Alonso de Mendoza / Jeevan / GOODFREEPHOTOS / Tommy Truong / pedist

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