Los mediocres al poder

Aunque en casi todos los ámbitos lo que se busca, o al menos así se dice, es la excelencia, los datos son tozudos y en actualmente, al menos en los países desarrollados, son los mediocres los que se suelen hacer con los puestos de poder

Son las reflexiones de filósofo canadiense Alain Deneault en su libro de más reciente aparición, Mediocracia, cuando los mediocres toman el poder, que acaba de aparecer en los expositores de las librerías.

Para este doctor universitario por el Centro Marc Bolch, es la división e industrialización del trabajo manual e intelectual, el que ha creado lo que denomina como «mediocracia», esto es, que los mediocres acaben detentando el poder.

Que los mediocres hayan tomado el poder hace que muchos se «tienten la ropa» a la hora de destacar en algo: ya por ser muy apasionados, por tener ideas geniales o por tener actitudes y comportamientos que se escapen de la norma.

Y a partir de ahí a ir «haciendo piña»

Los personajes mediocres tienen una extraña habilidad para reconocer a otros mediocres y pronto empezarán a «rascarse la espalda» los unos a los otros, mientras se van haciendo favores y cimentando su poder.

Y a partir de ahí, desarrollarán la habilidad de ir atrayendo a gente, lo que les permitirá seguir ganando poder, ya que un mediocre con poder generalmente se las ingenia mejor para que no se note que es un cero a la izquierda.

Tal como dijo Robert Musil “Si la estupidez […] no se asemejase perfectamente al progreso, el ingenio, la esperanza y la mejoría, nadie querría ser estúpido”.

El que está en la media

Es lo que significa, en una de sus acepciones, la palabra mediocre, esto es, el que está en la media, y en principio no tiene ningún dejo despectivo, aunque en lugares donde lo que se busca la excelencia se usa para humillar.

Sin embargo, la palabra siempre ha estado rodeada de otras connotaciones, y el problema empieza cuando esa mediocridad se utiliza como unidad de medida para evaluar todo lo que nos rodea.

La acepción se vuelve todavía más problemática cuándo de la mediocridad se hace virtud, esto es, cuando cualquier muestra de excelencia es sistemáticamente perseguida por aquellos que por sus pocas capacidades enseguida «sacan las uñas» en cuanto a alguien les hace sombra.

La división del trabajo promueve la mediocridad

La industrialización, en menor medida, y la división del trabajo ha provocado que los mediocres se hayan empoderado, de manera que auténticos charlatanes de manual se han convertido en lo que ahora conocemos como «expertos».

Suelen ser personas que tienen aprendido un guion que les permite «vender» lo que hacen, rodeándolo de una «vitola» de profesionalidad sus opiniones, un saber hacer del que en realidad carecen.

El principio de Peter

Hablamos del archiconocido Principio de Peter, enunciado por Laurence J. Peter y Raymond Hull en el año 1969, y dentro de esta teoría queremos subrayar el concepto de «sublimación percuciente».

Por dicho concepto, muchas veces, una persona, habitualmente mediocre, que no da «pie con bola», en vez de ser relegada, llega a ser promocionada para sacarla como sea de ese puesto de trabajo que está desempeñando de manera incompetente.

Peter y Hull también nos mostraron como en procesos de tipo sistémico, inevitablemente aquellos con niveles medios de competencia son ascendidos a puestos de poder en la mayor parte de las ocasiones.

En el proceso, superan a profesionales con altos niveles de competencia y también aquellos con un bajo valor de desempeño profesional, ya que lo que se busca es una estandarización de los individuos.

De lo que se trataría entonces, para todos aquellos que quieren acceder al poder, en cualquiera de sus variantes, es a no destacar y comportarse como un miembro predecible del colectivo, profesional o social, en el que desarrollen su actividad.

Analfabetos secundarios

Es un término acuñado por el pensador alemán Hans Magnus Enzensberger, para explicar como actualmente de lo que se trata es de «crear» ciudadanos y personas estandarizadas, cosa que fundamentalmente se logra por medio del sistema educativo.

No necesariamente tienen que ser personas no formadas, ya que muchos de ese colectivo tienen estudios universitarios.

El problema reside que, aunque poseen conocimientos que son útiles, lo que no hacen es tener una visión crítica sobre sus fundamentos intelectuales.

En la mediocracia el bien fundamental es saber aparentar, no encontrar un resultado a un problema sino simular que se ha encontrado ese resultado.

Cualquier tipo de actividad se encuentra dirigida a no superar ni vulnerar modelos instituidos desde el poder. Todo lo que se sale de la «norma», aunque sea excelso, tiene que ser descartado.

Además, en ese proceso es conveniente que el trabajo realizado se adorne con un «envoltorio» de racional, y aunque muchas veces aquello no lo sea, al menos debe de parecerlo.

En cuanto a la evaluación de los trabajos, como muchas veces los evaluadores participan de la simulación, no tiene ningún problema en dar por bueno algo que no debería de ser calificado de esa manera.

Tertulianos: cuando se suplanta al intelectual

Con el paso de los años, la palabra intelectual se ha banalizado tanto que su calificativo, en el caso concreto de las tertulias que se organizan en los medios, se ha generalizado de una manera que no debiera.

Si bien es cierto que utilizar el término intelectual prestigia de quien se dice y la tertulia en la que participa, muchas veces se confunde el término con personas que simplemente tienen mucha exposición mediática.

Estamos acostumbrados a ver tertulianos que parece que lo saben todo y que participan en tertulias con las cuales se ha creado un nuevo tipo de trabajo, que no es otro que el de «tertuliano».

Lo que es un intelectual

A pesar de que el término se ha devaluado por los motivos anteriormente mencionados, un intelectual es, o era no hace tanto tiempo, una persona cuyas opiniones eran valoradas por los extraordinarios conocimientos que había atesorado en su área de conocimiento.

Por ello, y por una capacidad contrastada por décadas de actividad profesional, académica o ambas, a sus opiniones eran especialmente consideradas.

A diferencia de lo que sucede hoy con el «opinador», sus enormes conocimientos no necesariamente se convertían en «dogma de fe» como desgraciadamente hoy si ocurre en muchas ocasiones.

Además, y por definición, el intelectual siempre ha sido lo suficientemente osado como para lanzar tesis que entre sus coetáneos podían ser calificadas de irreverentes, y de compartirlas, esto es, de aplicar el «sostenella y no enmendalla», a pesar de lo que pueda suceder.

Fuente – Ideas en EL PAÍS / EL PAÍS / Principio de Peter en Wikipedia / Hans Magnus Enzensberger en Wikipedia / Diario EL PAÍS

Fuente – Asclepias / Pete and Chalotte / Umbrela Verde / Alden Jewell / David Jackmanson / DAMS Library / Pedro Ribeiro Simoes / Erik Drost

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