Vargas Llosa, genio y figura

Se cumplen en estas fechas cincuenta años de la gestación y publicación de Conversación en La Catedral, quizás la novela más celebrada del Premio Nobel peruano, una novela que rompió el marco, y por ello tuvo un éxito sobrecogedor. Ahora, el sector editorial y el propio autor rememoran aquellos tiempos

Aunque todavía no nos ha visitado en estas «páginas» la última novela del Premio Nobel peruano, Tiempos recios, prometo un artículo en breve, se cumple ahora medio siglo de la publicación de una de las obras más importantes del autor, entre otros, de La fiesta del chivo.

Conversación en La Catedral, es a decir del propio autor, el libro que le consagró como escritor, ya que en dicha novela plasmó un descubrimiento, la capacidad de entrar en la realidad a muchos niveles, que posteriormente utilizaría en el resto de su producción literaria.

Esa intuición genial la tuvo mientras estaba escribiendo lo que sería La Casa Verde, y no tardó en comunicarle la buena nueva al traductor al alemán de su obra, Wolfgang Luchting, y le expresa su intención de utilizar el «descubrimiento» en una nueva obra.

Revolución narrativa

En esencia, la revolución narrativa que «descubrió» Vargas Llosa consistía en entremezclar, durante todo el relato de Conversación en La Catedral, diálogos de los personajes de la novela.

Sobre estas conversaciones también se intercalaban pensamientos de los protagonistas, formando un mosaico que dio como resultados la ya citada novela del Nobel peruano, y que fue escrita «a caballo» entre París, Lima, Washington, Londres y finalmente, Puerto Rico.

Con esa estructura que acabamos de explicar, un verdadero «encaje de bolillos», no resulta una novela de fácil lectura, pero el genio literario peruano consideró que esa era la manera de contar su historia, que no es otra que la dictadura de Manuel Odría en el Perú.

Edición conmemorativa

Para celebrar las cinco décadas de la publicación de Conversación en La Catedral, Alfaguara, su editorial de siempre, ha decidido sacar al mercado una edición conmemorativa que originariamente publicó en español la editorial de Carlos Barral.

El inicio de la novela con una frase interrogante se ha convertido en una de las más célebres de la literatura, tanto de la hecha en español como en la universal, y no es otra que «¿En qué momento se había jodido el Perú?».

La onomástica del libro ha servido también para celebrar un acto por todo lo grande en Madrid, en el cual el Premio Nobel peruano tuvo una conversación, esta vez en un entono laico y en Sevilla, con el que fuera director de EL PAÍS, Juan Cruz.

El acto se trasladó a Sevilla porque en la ciudad hispalense se está celebrando el XVI Congreso de la Asociación de Academias de la Lengua Española, donde también se encuentra representada la española.

Venirse arriba

En un primer momento, Vargas Llosa bautizó lo que posteriormente sería Conversación en La Catedral como «la novela del guardaespaldas» y tenía intención de que tuviera alrededor de 300 páginas.

Pero poco a poco, a medida que la historia iba ganando en complejidad, aquello se acabó convirtiendo, una vez dejada la historia en un pálido reflejo de lo que había sido, en un «tocho» de algo más de 800 páginas.

Tal como expresó el propio Vargas Llosa a varios críticos literarios, uno de ellos el muy conocido Abelardo Oquendo, “lo que buscaba era escribir una novela cuantitativamente balzaquiana y cualitativamente flaubertiana”.

La creación de la magna obra hizo que encadenase jornadas maratonianas, de hasta ocho horas, delante de la máquina de escribir, lo cual supuso un esfuerzo mayúsculo para un escritor que en esa época solo había publicado dos novelas.

Además, la escritura de lo que sería Conversación en La Catedral estuvo rodeada de mucha melancolía, máxime cuando el escritor estaba solo, ya que su mujer, Patricia, se había quedado en Perú.

Consciente de su propia trascendencia

Pero ya entrado el año 1969, y ya teniendo escrito el original de lo que sería Conversación en La Catedral, Mario Vargas Llosa comienza a ser consciente de la trascendencia del legajo que tiene entre manos.

Así se lo comunica a su traductor al alemán, en donde en una de sus misivas le traslada que “Tengo la certeza de haber conseguido algo realmente importante. Mi exaltación no tiene límites”.

Al mismo tiempo, se empieza a dar cuenta de la elefantiasis de su proyecto literario, que ocupaba cuatro volúmenes, lo que hacía materialmente imposible que ninguna editorial, al menos con editores en su sano juicio, fuese capaz de publicarla.

A partir de ahí comienza un proceso de expurgación del original, con la intención de dejar los cuatro volúmenes en «solo» dos, por lo que Vargas Llosa elige eliminar una gran cantidad de adjetivos y de adverbios.

Pero la primera criba no fue suficiente, y desde las editoriales con las cuales contacta para la publicación de Conversación en La Catedral, le comunican que si quiere ver su novela en los expositores de las librerías debe «adelgazar» el original dejándolo en un único volumen.

Finalmente, el libro, en su primera edición y posteriores reimpresiones, tiene algo menos de 800 páginas, lo que no ha evitado que sea un libro extraordinariamente denso y no de fácil lectura.

Urbi et orbi

Consciente de la transcendencia, como así ha sido, de Conversaciones en la Catedral, una de las primeras cosas que hace Vargas Llosa es escribir decenas de cartas donde informa a sus muchos amigos escritores de la «buena nueva».

Reconocidísimos autores latinoamericanos, como es el caso de Julio Tobar Donoso, Gabriel García Márquez e inclusive Carlos Fuentes reciben misivas del autor de La ciudad y los perros, recibiendo muy buenas críticas de lo que ya eran escritores consagrados.

El mexicano Fuentes llega a la calificar Conversación en La Catedral, como la única novela política de América Latina, llegando, Álvaro Mutis a confesarse deslumbrado por el libro del arequipeño.

Con el impulso de Carlos Barral

El que fuera durante muchos años editor de Seix Barral, el propio Carlos Barral, fue uno de los grandes valedores de hasta ese momento un desconocido escritor peruano que solo tenía publicados dos libros.

Tras leerse el original, el editor concluye que se encuentra ante una de las grandes novelas del siglo XX y, raro en el tardofranquismo, a pesar de que la censura consigna que Conversación en La Catedral es una novela que habla de política y que en ella se reproducen expresiones crudas y malsonantes, decide dar su nihil obstat.

Como hecho curioso decir que, hasta la tercera edición de la novela, Conversación en La Catedral se titulaba con l minúscula, y a partir de la quina la ele se convirtió en ele mayúscula, designando así lo que no era un templo religioso, sino una casa de comidas.

Fuente – EL PAÍS / Conversación en La Catedral en Wikipedia / Julio Tobar Donoso en Wikipedia

Imagen – Javier Lastras / power axle / Daniele Devoti / Rob O / Georgi Todorov / Michael Pedersen / EDITRAMA

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