Las ramblas en la derrota

Pilar Romera nos lleva a Barcelona de posguerra en Los impostores, una novela en cual se nos muestran unos personajes rotos que deben de huir de si mismos y del compromiso republicano que tuvieron en la Guerra Civil, que finalmente acabo ganando el bando faccioso

Estas navidades, si «huelen» a algo es a posguerra: inhumación del dictador Franco, previsible recuperación de la Ley de Memoria Histórica si el gobierno de coalición llega a buen puerto y una ultraderecha desbocada, nos referimos a VOX, que recupera enseñas preconstitucionales.

Muchos barceloneses, los derrotados de la Guerra Civil, que pasearon su derrota por las Ramblas, después de haber combatido para salvaguardar la democracia y la II República, se venían, en el mejor de los casos, relegados a la situación de españoles de segunda.

De estos y otros nos habla Pilar Romera en Los impostores, donde nos vamos a encontrar a personajes humanos, lo que durante el franquismo se denominó como «rojos», que malviven en una Barcelona gris de posguerra.

Los derrotados

A medida que nos vamos internando en las páginas de libro nos encontramos con personajes como Dora, encadenada a una máquina de escribir en el Gobierno Civil y que hace profesión de fe en la misa de los domingos, aunque siempre fue atea.

Otro de los protagonistas es Bonaventura, profesor de botánica en la universidad que ha sido «depurado» por el Régimen y que malvive con un precario empleo de bedel en la misma universidad donde antes enseñaba.

Pero también nos asomaremos a situaciones más trágicas, como la de Miquel, un miliciano que vive clandestinamente en la Ciudad Condal 10 años después de terminada la Guerra Civil Española.

Ciudadanos corrientes

Esa es la geografía humana que nos relata Pilar Romera en lo que es ya su cuarta novela, en la que ha querido retratar a ciudadanos normales que eligieron, cuando pudieron hacer y no se encontraron con otra opción, el bando equivocado.

Es un tópico, y también una frase muy manida, que la historia siempre la escriben los vencedores, y eso, tras la Guerra Civil Española implicó que fue el fascismo y la dictadura las que se convirtieron en vencedores.

Tal como indica Romera, con Los impostores, no quería hacer un relato plagado de héroes antifascistas, sino que lo que quería era hablar de gente corriente, y específicamente de republicanos, muchos ellos por convicción, que vieron cómo eran relegados, cuando no encarcelados y ejecutados sumariamente.

El texto original en que Romera pergeñó la novela es el catalán y en ese idioma lo ha publicado Columna Edicions, mientras que la edición en castellano llega a los expositores de la mano de Destino.

Pero el personaje que se lleva la palma es el comisario Fuentes, que, sin solución de continuidad pasa de ser, durante la Guerra Civil, Guardia de Asalto, a convertirse en comisario de la temida Brigada Político – Social.

Tal como abunda la propia escritora, todos ellos son impostores, pero con los primeros que realizan la impostura es con ellos mismos.

De hecho, el también escritor Carlos Zanón, tras leerse el original no ha podido sino calificar el texto como una «novela de cobardes», de estar emboscados en un sistema político como era la dictadura, en la cual quien más quien menos lo que quería era sobrevivir.

Una trama y unos personajes complejos

A media que vamos avanzando por la trama, nos encontramos con una multitud de robos de identidad, atentados y complós que tienen como escenario los bajos fondos de la Ciudad Condal.

Los personajes que aparecen a lo largo de toda la novela, so poliédricos y complejos lo cual explica que en determinados momentos la lectura se convierta en algo denso, siendo un relato que se aleja todo lo que puede del maniqueísmo.

Con ello queremos decir que los personajes no son ni buenos ni malos, y su vida discurre rodeados de una amplia gama de grises, además de con una catadura moral que tiene muchas facetas.

Con trazas de hechos históricos

En determinados momentos Los impostores, transcurre por hechos históricos, como es el caso de la recreación del un atentado fallido contra Franco protagonizado por el anarquista Domènec Ibars, un hecho histórico que en su reconstrucción – novelada – transita por los pagos del género negro.

La novela también es deudora del género noir en la omnipresencia de la violencia, desde la verbal hasta la física, sin dejar de lado la violencia psicológica, mostrando bien a las claras lo que fue el Régimen de Franco.

La autora, aunque data la novela en 1946, también viaja al pasado, en concreto al año 1939 y al campo de internamiento de Argelès-sur-Mer, donde el gobierno francés internó a parte del exilio republicano.

La experiencia para los republicanos españoles huidos fue devastadora, y que, en esos campos en un primer momento, hasta que erigieron barracones, tuvieron que dormir al raso, a cargo de tropas coloniales francesas que muchas veces los maltrataban.

Hubo una decepción con el alzamiento, sobre todo, de la burguesía catalana que apoyó el golpe de estado del 18 de julio de 1936, ya que lo que pensaban que sería únicamente un «golpe de timón» como el protagonizado por Primo de Rivera, y no que se convertiría en una autocracia de 40 años.

La posguerra, un tema espinoso

Muchos editores, algunos de ellos que ya habían publicado parte de la obra de Pilar Romera, cuando se enteraron de que quería que su nueva novela estuviese ambientada en la posguerra quisieron quitarle la idea de la cabeza.

A pesar de que este año cumplimos 40 años del advenimiento de la democracia y de la muerte de Franco y 80 del fin de la Guerra Civil, hablar o escribir sobre la posguerra todavía sigue «sacando ronchas» en determinados sectores.

Muchos de esos editores le aconsejaron que no escribiese Los impostores y que optase por temas más amables y con mejor acogida entre el público lector.

Mistificación histórica

Que hablar de la dictadura de Franco todavía hace «salir ampollas» lo hemos podido ver en la pasada campaña electoral, donde personajes como Javier Ortega Smith difamó a las Trece Rosas diciendo que violaban y torturaban.

Tal como defiende con tino la autora, a aquellos que somos de mediana edad y que estamos informados y avisado de lo que fue el alzamiento y posterior dictadura de Franco, sabemos que cierto tipo de argumentos son falsos.

Pero eso no pasa con las nuevas generaciones de adolescentes y de jóvenes, que pueden dar por buena cualquier cita histórica que oigan en los medios de comunicación o que lean en periódicos y revistas.

También son reseñables, por lo que tienen de falsificación de la historia, las declaraciones de algún que otro político que ha llegado a declarar que la División Leclerc, del ejército francés y dirigida por el general del mismo nombre, fue enviada por España para colaborar en la liberación de París.

Fuente – ABC

Imagen – Eneko Muiño / Wikipedia / Sonia Tres / Kordas / naational archief / Ramón Serrano Suñer en Wikipedia / La Nueve

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