Literatura desde la inmigración

Son muchos los escritores y escritoras en español que tienen orígenes en la inmigración, bien porque sus padres son oriundos de países extranjeros o bien porque ellos mismos nacieron en el exterior, situaciones que no les ha impedido desarrollar sólidas carreras como autores que escriben en español

El fenómeno de los escritores que vienen desde otras latitudes y acaban siendo maestros en la lengua del país anfitrión es larga, y España no es una excepción en ese aspecto.

Tal como recomendaba el autor de, entre otros, Dublineses, nada hay mejor para un autor y para su producción, que vivir fuera de su terruño, como el mismo tuvo que experimentar cuando se fue a vivir en Alemania.

A pesar del ejemplo, también fueron muchos los grandes escritores que acabaron escribiendo, y además magistralmente, en las lenguas de su país de acogida: el polaco Joseph Conrad se convirtió en un gran escritor en inglés, Vladimír Nabokov pasó del ruso al inglés y Milán Kundera se convirtió en un virtuoso del francés.

A pesar de ello, el autor del Ulises nunca dejó de escribir en su lengua materna, el inglés, mientras que los autores, al menos en España, de la nueva literatura híbrida, a pesar de venir de otras zonas del globo, demuestran su maestría en la lengua de Cervantes.

La Historiadora se pasa al castellano

Es el caso de la autora del libro que citamos en el epígrafe, que, nacida en Praga en el año 1957, y teniendo el checo como lengua materna, se vino a España para compatibilizar su labor como escritora con la de traductora.

Llegada a España en el año 1983, el aprendizaje del castellano y el catalán durante casi 40 años, hacen que ahora sus novelas las pueda «facturar» en castellano, catalán y en su lengua materna, el checo.

Una digna representación

La realidad, por lo menos ahora que hemos entrado ya en la tercera década de siglo XXI, es que la presencia de hijos de inmigrantes en la actividad cultural que se desarrolla en España, es muy amplia.

Por ejemplo, nos encontramos con los escritores de origen marroquí Najat el Hachmi y Mohamed El Morabet, guionistas y dibujantes de cómic como Quan Zhou Wu, de padres chinos, o la guionista Margaryta Yakovenko, nacida en Ucrania.

En el caso de Munir Hachemi, nacido en Madrid en el año 1988, ya ha publicado Cosas Vivas en el sello Periférica, y lleva grabado a fuego un incidente racista del que fue objeto cuando era un niño y cursaba educación primaria.

El 11 de diciembre de 2001, día en que se produjeron los atentados terroristas en los trenes de cercanías de Madrid, los alumnos fueron convocados a manifestarse en solidaridad con los damnificados.

Estando en el patio, un compañero de clase, con ademanes matonescos le dijo que seguramente se alegraba de lo que había pasado porque era un terrorista. Un recuerdo que para él es indeleble.

Hijo de argelino, el haberse convertido en escritor en el idioma del país que le acogió, no ha hecho, ni por un momento, que renuncie a su cultura árabe, y sigue hablando con su familia en el dialecto del árabe que se sigue hablando en Argelia.

El muro invisible

La realidad es que Hachemi, por el incidente reseñado y por algunos más, siempre ha tenido una conciencia clara de que existe un muro invisible que se levanta entre los hijos de inmigrantes, inclusive entre los aculturados, y el resto de la población española.

Hachemi nunca tuvo problemas, de niño y adolescente, e inclusive hoy, de tener francas relaciones de amistad con españoles y españolas, pero ya en la adolescencia, aunque era fan del Real Madrid, jugaba a videojuegos con sus amigos y se divertía como cualquier joven, notó la existencia de ese muro.

Inclusive, y aunque toda su producción literaria ha sido hasta ahora en castellano, en su técnica literaria está muy presente la tendencia que tienen los argelinos a «irse por las ramas», algo muy útil para contar historias.

Construir desde cero

Es lo que han tenido que hacer muchos de los escritores de origen inmigrante que tuvieron que construir sus rudimentos en el idioma de Cervantes desde su más tierna infancia.

Esa es la historia de Najat Hachmi, que nacida en la ciudad marroquí de Nador, en 1979, tuvo que aprender castellano y catalán, sin tener siquiera los rudimentos, cuando llego con su familia a la ciudad catalana de Vic.

Además, con la particularidad, y la dificultad añadida, de que su lengua materna no era el marroquí, sino el bereber rifeño, por lo que llegar a dominar el catalán y el castellano fue toda una aventura lingüística.

Najat se muestra encantada del proceso metalingüístico que ella y su familia tuvieron que realizar, pasando desde el bereber al castellano y al catalán sin auxiliarse siquiera de un diccionario, aprendiendo sobre la marcha y en el día a día.

A Hachmi nunca le ha gustado la vitola de paternalismo con la cual se han tratado algunos medios con la presentación de sus libros, donde ha tenido que leer titulares como “Una chica marroquí gana el Ramón Llull”.

El éxito no le ha sido esquivo a esta escritora de origen marroquí, ya que ha ganado certámenes en lengua catalana, como el Premio Ramón Llull de novela en el 2007 con L’últim patriarca.

Pero el éxito también le ha sido propicio cuando se ha presentado a concursos en lengua castellana, como es el caso del premio San Joan de Narrativa, que ganó con La hija extranjera, publicado en la editorial Destino.

Buscarse la vida

Es el caso de escritor, también de origen marroquí Mohamed El Morabet, oriundo de Alhucemas, donde nació en el año 1983.

Sus primeros escarceos con el castellano los tuvo viendo, desde Marruecos, canales de televisión de la Península, y aunque se educó en el país donde reina Mohamed VI, hizo la selectividad española.

Llegó a Madrid con 700 euros en el bolsillo, y aunque en ningún momento notó el choque cultural, si lo hizo en el aspecto económico.

No tuvo ningún problema en ir creándose una identidad cultural española a medida que se iba familiarizando con Madrid y sus gentes, y fue ese «caparazón cultural» el que le permitió sobrevivir, personal y psicológicamente, en los momentos más duros.

Reconoce, como influencia fundamental en su prosa, al escritor Enrique Vila-Matas, y fue precisamente desde el sitio web del escritor catalán de donde partió la primera reseña de la ópera prima de Mohamed El Morabet, Un solar abandonado.

Fuente – EL PAÍS / James Joyce en Wikipedia / Monika Zgustová en Wikipedia / Enrique Vila-Matas en Wikipedia

Imagen – Óglaigh na hÉireann / Wikipedia / nina_pic / Startup Mena / Frédéric Bisson / Matt Brown

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