Marie-Hélène Lafon, la voz del agro deshabitado francés

La escritora Marie-Hélène Lafon nos habla, en todos sus libros, del éxodo rural desde el campo francés a la gran ciudad y el desarraigo que eso produce. Ahora, la Editorial Minúscula publica en castellano dos de sus obras: Los países y Nuestras vidas

La escritora francesa, no muy conocida inclusive en su país, se ha erigido con el tiempo en la voz, al menos literaria, de la Francia vaciada, esto es, una parte importante del país que gobernarse Charles de Gaulle.

El proceso de vaciamiento del agro francés ha seguido un proceso parejo al de la España vaciada que ahora se conduele de la falta de oportunidades que existe en ella.

El proceso es bien conocido: partes del país galo pierden población a espuertas debido a que sus habitantes ven que en los grandes núcleos urbanos tienen mayores posibilidades de encontrar mejores trabajos y ganar más dinero.

A partir de ahí las consecuencias por todos sabidas: la despoblación convierte ciertas zonas del país en eriales productivos, con lo cual hay menos actividad económica y trabajo, se recaudan menos impuestos y hay menos dinero para invertir en servicios e infraestructuras.

Portavoz de una generación

Del mismo modo que muchos de sus compatriotas emigrados, Marie-Hélène nació en un entorno rural de la prefectura de Aurillac, donde su familia regentaba una explotación agraria, educándose en una institución religiosa.

También, como muchos de sus compatriotas, el deseo de cursar estudios superiores la llevó a París, para cursar letras en La Sorbona, donde se tituló en Filología Francesa y donde aún continúa siendo profesora.

Se trata de una escritora, que seguramente por ser profesora de lenguas – latín, griego y francés – escribe con frases breves y depuradas, producto de que es una lectora y relectora de los clásicos, tanto franceses, como griegos y latinos.

Muchas novelas que en realidad son una

Con una producción literaria que llega a los diez y siete títulos, la realidad es que pareciera que en todos estos años la profesora universitaria francesa solo hubiese escrito una única novela.

Y eso es debido a que el argumento de todos sus libros es la vida que queda a los habitantes de esa Francia que no hace sino vaciarse año tras año, hablando de los hombres y mujeres que están atrapados en la Francia vaciada.

Pero en sus novelas también podemos encontrar otros especímenes humanos, que son aquellos que han emigrado a la gran ciudad pero que tampoco se han hecho nunca a ella, añorando los entornos campestres donde nacieron y vivieron sus primeros años.

Inclusive ella misma es consciente de que solo ha escrito sobre un tema, el ya descrito en los párrafos anteriores, aceptando también de la existencia de un «vínculo orgánico» entre todos sus libros.

Por fin publica en España

Como ya hemos indicado, Marie-Hélène Lafon es una autora, que por ser monotema que ha imprimido a todos sus libros, su éxito se circunscribe casi al completo al país que preside Emmanuel Macron.

Sin embargo, ahora un proyecto editorial español que nació con el comienzo de siglo, esto es, la Editorial Minúscula, se ha arriesgado a publicar dos libros de la autora francesa.

Estos dos títulos, lo más recientes de la producción de Lafon, son Los países y Nuestras vidas, con la traducción de Lluís María Todó, existiendo una sucesión temporal entre ambos volúmenes.

En Los países, nos encontramos con la narración de como Clarie, hija de campesinos, tiene que emigrar a la gran ciudad, en concreto a París, lo que también podría ser parte de la biografía de la propia Lafon.

Nuestras vidas son las reflexiones de una mujer de 60 años que también en su juventud tuvo que emigrar a París, y que bien podría ser la protagonista de la ya citada Los países, aunque también se puede leer como una novela dentro de una novela.

Es esa sexagenaria la que se fija en Gordana, una cajera de supermercado rumana, de la cual va novelando cual habrá sido su periplo hasta arribar a la antigua Galia, y de cómo será su vida en la capital francesa.

Parajes conocidos

Hasta cierto punto con sus volúmenes, Marie-Hélène Lafon casi siempre ha ejercido de cronista de la zona de Francia en la que nació; por lo menos los primeros años de sus protagonistas, antes de que se desplacen a la gran ciudad se desarrollan en torno a las montañas de Cantal.

Y por lo general también, la gran ciudad por excelencia donde acaban emigrando la mayoría de los protagonistas de sus novelas es París, una ciudad que ella conoce bien, además en las mismas circunstancias que sus biografiados en la ficción.

Como ya hemos indicado, la novelista, con el interés de tener acceso a una buena educación superior se mudó desde la región de Auvergne-Rhône-Alpes a París para poder cursar sus estudios universitarios en La Sorbona.

Su obra es la historia del agro francés de los últimos cincuenta años, y las convulsiones que ha vivido en mismo, una de cuyas consecuencias es los levantamientos de los que se ha denominado como «chalecos amarillos».

Una convulsión social no menor que ha visto como en las principales arterias de la capital francesa se han producido graves algaradas que pusieron en un tris de que el gobierno francés sacara tropas a la calle.

Vida rural descarnada

A pesar de que el tema principal de sus novelas es la emigración del campo a la ciudad, la producción literaria de Marie-Hélène Lafon poco tiene que ver con la denominada «novela del terruño» que tanto éxito ha tenido en el país vecino.

Dicho tipo de novela, uno de cuyos máximos representantes es Christian Signol, son a partes iguales divertidas, consoladoras y nostálgicas, calificativos que no se pueden aplicar a ninguno de los libros escritos por esta profesora universitaria.

Lo que nos presenta Lafon es la desnuda y cruda realidad, una Francia agraria compuesta por pequeñas explotaciones en las cuales, además de cultivar la tierra, también se tenía ganado e incluso se elaboraba queso y otros productos manufacturados.

Un tipo empresas agrarias que hacían que la Francia rural fuese también parte del motor económico francés, un sinnúmero de granjas de la cuales cada día quedan menos, siendo un sector económico, el de la pequeña explotación agraria, en vías de extinción.

Fuente – EL PAÍS

Imagen – Rick Obst / Garitan / Sven / minúscula / INRA DIST / Breville USA

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