Dr. Zhivago en el juego de espías

La escritora norteamericana Lara Prescott nos enseña, en Los secretos que guardamos, que fue la CIA la que financió la publicación, en el año 1957, y en Italia, la obra más importante de Boris Pasternak, nos referimos a doctor Zhivago, para posteriormente introducir copias en la Unión Soviética

El libro que escribiese el doctor en medicina más universal que ha tenido Rusia, Doctor Zhivago, obra de la pluma magistral de Boris Pasternak, se convirtió en un arma de propaganda esencial, contra la URSS, por parte de la inteligencia norteamericana.

Sobre ese uso político, y sobre algunas intimidades más del libro que se publicase en 1957 en Italia, habla Los secretos que guardamos de la escritora norteamericana Lara Prescott, que está basado en documentos que acaba de desclasificar la CIA.

Nadie duda de que Dr. Zhivago fue un arma de propaganda, y además de gran calibre, contra la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, aprovechando que en la república que en aquellos años gobernaba Nikita Jrushchov participaba de la «guerra fría» contra Estados Unidos.

Mucho de autobiográfico

Además, el libro tenía mucho de autobiográfico, ya que seguir en el texto la vida y obras del Dr. Zhivago, es seguir la biografía del propio Borís Leonídovich Pasternak, que como el citado doctor sufrió la persecución de las autoridades soviéticas.

En el caso de uno de los galenos más famosos de la literatura universal, ya que la trama de la novela se desarrolla en una torrencial historia de amor trufada de espionaje y misterio, Yuri Zhivago y Lara, su enfermera, tienen su trasunto en la realidad.

La historia de amor entre el doctor y la enfermera no es sino la vida, llevada a una novela, del propio Pasternak y de Olga Vsévolodovna, que se convirtió en la defensora, secretaria, agente y que fue represaliada por su defensa del escritor.

Una operación de inteligencia

El libro de Pasternak, que al autor soviético le costó 15 años de trabajo, pasó a formar parte, con otros muchos libros de autores del Bloque del Este que habían sido prohibidos en la Unión Soviética, en una operación de inteligencia.

La Agencia Central de Inteligencia organizó una operación para localizar la mayor cantidad de títulos que hubiesen sido prohibidos por las autoridades soviéticas y darles la mayor difusión.

Hay que tener en cuenta que Dr. Zhivago se publicó, una vez que se pudo sacar el original de territorio soviético, en Italia en el año 1957, y que no se pudo ver en los expositores de las tiendas de Moscú hasta el año 1988, diez años después de la caída del Muro de Berlín.

Era la CIA la que daba bombo mediático, tanto en Estados Unidos como en Europa, financiando inclusive ediciones a expensas del presupuesto de la Agencia Central de Inteligencia, de obras que expusiesen la penuria y la falta de libertades que se vivía en la URSS.

Introducir ejemplares en la URSS

En el caso de Dr. Zhivago, el objetivo de la publicación del libro no era otro que demostrar lo irracional del gobierno de los sóviets en Rusia y en el resto de sus repúblicas satélites.

Uno de los objetivos de la CIA también fue «inundar» de ejemplares del libro más famoso de Boris Pasternak tanto la Unión Soviética como los países que formaban parte del Pacto de Varsovia y demás áreas de influencia soviética.

De hecho, en Los secretos que guardamos, editado en Seix Barral, nos encontramos con dos mecanógrafas de la CIA que de pronto se ven envueltas en una operación para introducir la mayor cantidad de volúmenes posibles en el bloque soviético, para solaz de la oposición política.

Exposición Universal de Bruselas

Celebrada en el año 1958, tal como nos cuentan en Los Secretos que guardamos, la CIA decidió que la celebración de esa exposición universal sería un buen momento para «regalar» volúmenes del Dr. Zhivago a los ciudadanos soviéticos presentes.

Las previsiones de la exposición eran que participaran en ella hasta 15.000 ciudadanos del otro lado del telón de acero, de manera que se decidió que agentes de la CIA, caracterizados como curas y monjas, participasen en el pabellón de la Santa Sede.

De este modo, ante cada ciudadano soviético que se acercaba al pabellón, los religiosos obsequiaban al visitante con un volumen de Dr. Zhivago, y muchos de ellos, ante la posibilidad de obtener un libro tabú, aceptaban el obsequio.

Prohibido por una nimiedad

Analizando el texto de Doctor Zhivago, resulta difícil encontrar cualquier tipo de crítica al régimen soviético, máxime porque la acción del relato se sitúa en la I Guerra Mundial cuando todavía no se había producido la revolución bolchevique de 1917.

En sentido estricto, la epopeya del doctor Zhivago se produce cuando todavía existía Rusia, y además como monarquía de derecho divino.

Sin embargo, el doctor Zhivago y sus personajes tenían una característica inquietante, por lo menos para los dirigentes y la censura soviéticas: tenían libre albedrío y pensaban por si mismos, algo proscrito para la mayoría de la población de la URSS.

Feltrinelli se fija en la obra

La editorial de tronío que fundase Giangiacomo Feltrinelli se fijó en las posibles bondades comerciales de doctor Zhivago y comandó a uno de sus «ojeadores» para que visitase la Unión Soviética y lograse que Boris Pasternak se comprometiese a publicar la obra en Italia.

Cuando Sergio D’Angelo llegó a Moscú, se encontró a un Pasternak que se encontraba cultivando en la huerta que tenía aledaña a la vivienda que ocupaba.

Se trató además de una apuesta arriesgada ya que los escritores de la nacionalidad soviética tenían prohibido publicar sus obras si antes no las habían publicado en el país que gobernaba de manera omnímoda el Partido Comunista de la Unión Soviética.

D’Angelo tuvo que camuflar el manuscrito de lo que posteriormente sería Doctor Zhivago entre uno de los pijamas que llevaba en su maleta y de Moscú voló directo a la República Federal de Alemania.

El editor italiano, nos referimos a Giangiacomo Feltrinelli, carecía de cualquier tipo de indicio de cómo era la prosa de Pasternak, pero adoraba su poesía, por lo que en una operación comercial arriesgada – en la biempensante Italia no tenía cabida nada que «oliese» a comunista – no sabía cómo iba a «funcionar» la novela.

También del agrado del presídium supremo

Aunque pueda ser paradójico, la obra literaria de Boris Pasternak también era del gusto de los principales dirigentes de la Unión Soviética, no en vano uno de sus principales valedores fue Iósif Stalin, aunque finalmente el escritor «cayó en desgracia»

Las estructuras represivas soviéticas optaron por no «tocar» a alguien que tenía renombre dentro y fuera de las fronteras de la URSS, pero para presionarle utilizaron un método indirecto: «apretar las tuercas» a Olga Vsévolodovna, su amante y editora.

Fuente – LA VANGUARDIA / Dr. Zhivago en Wikipedia

Imagen – Ashley Van Haeften / Wikipedia / Slik-o-bot / Ninara / Chris Friese / manhhai / Susanlenox / Konsomol en Wikipedia / Andrew Kitzmiller

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