Ángela Gaupera, reportera de guerra

Se reedita ahora, ocho décadas después de su primera publicación, El gran crimen. Lo que yo he visto de la guerra, una crónica de la I Guerra Mundial de la escritora y periodista Ángela Gaupera, unos reportajes que vuelven a ver la luz de la mano de la editorial catalana Chapiteau 2.3

Pocos días después de haber celebrado el Día de la Mujer, el que esto escribe lo celebró en subiendo montañas, aunque en mi anorak llevaba prendido el preceptivo lazo morado, nada mejor que hablar hoy de como una mujer puede ser una magnífica reportera de guerra.

Hoy se asoma a esta bitácora el libro El gran crimen. Lo que yo he visto de la guerra, de una desconocida, esperemos que solo hasta ahora, Ángela Gaupera; un volumen que edita la editorial catalana Chapiteau 2.3.

Aunque su primera, y única hasta ahora, edición vio la luz hace 80 años, ahora la editorial que lidera Joan Marcet, nos permite disfrutar de un texto con una enorme relevancia histórica, convirtiéndose en una vívida crónica, en primera persona, de lo que fue la primera conflagración mundial, con permiso de la Guerra de Crimea.

Una mujer de armas tomar

Ángela Gaupera, aunque su biografía no trascendió demasiado debido a que, nos encontramos en la segunda década del siglo XX, la vida normalmente se escribía en masculino y singular, fue lo que se podría calificar sin ambages como una mujer de armas tomar.

Viajera políglota, aprovechó sus viajes para encontrar historias que contar en sus facetas de periodista y escritora, teniendo el privilegio de ser la primera reportera de guerra catalana en la conflagración que se sustanció en las trincheras francesas.

La I Guerra Mundial, de la que fue espectadora de excepción Gaupera, fue la primera conflagración mundial, una guerra donde se ensayaron métodos de destrucción que hasta aquel momento se desconocía.

Todo el pavor que pueden provocar los bombardeos aéreos de población civil o el uso por primera vez de la guerra química, con el uso de «gas mostaza», se encuentra narrado, en primera persona en El gran crimen. Lo que yo he visto de la guerra.

El participar en esa guerra mundial como enfermera le permitió ver el daño que puede producir en el cuerpo humano la maquinaria bélica, y esa experiencia la plasmó en el libro en el que hoy nos ocupamos.

El inicio de una fulgurante carrera como periodista

Ángela Gaupera vivió la I Guerra Mundial enrolada en la Cruz Roja Francesa, después de que en el año 1914 había obtenido el título de enfermera expedido por el Hospital Clínico de la Ciudad Condal.

Nacida en Barcelona en el año 1876, falleció en la misma ciudad en año 1940; estuvo casada y tuvo una única hija, y desarrolló una interesante carrera como reportera.

Entre otros sucesos históricos de primerísima importancia, actuó como cronista de la desmembración del imperio otomano tras su derrota en la I Guerra Mundial y también prosiguió su labor como reportera de guerra en Marruecos.

En la guerra colonial en la cual Francia y España fueron aliados para recuperar el territorio del protectorado, fue protagonista de excepción en lo que se denominó como el Desastre de Annual, donde harkas de cabileños pusieron en desbandada a la infantería española.

Colaboradora de Las Noticias

Sus «pinitos» como periodista los realizará en el poco tiempo que le dejaba libre su labor como enfermera en los campos de batalla de la I Guerra Mundial, colaborando, hoy lo llamaríamos como freelance, con el diario barcelonés Las Noticias.

De esas crónicas sobre la I Guerra Mundial enviará al periódico de la ciudad condal más de un centenar de reportajes, con un estilo propio y con personalidad que superará las adocenadas crónicas que se podían leer en otros periódicos de la época.

Con un estilo en primera persona, con un «tempo» vibrante y con un estilo conciso que iba al grano, y con una prosa muy visual, pronto se convertirá en la lectura preferida de los lectores del diario que fundase Rafael Roldós Viñolas.

Su labor de cronista, tanto en las contiendas bélicas en las que estuvo destacada como en otro tipo de crónicas más mundanas, se veía facilitado por el hecho de que tenía un innegable don de gentes y además era políglota.

Antibelicista convencida y militante pacifista, el haber visto tanto horror en la I Guerra Mundial le hizo escribir que se sentía avergonzada de unas sociedades, en ese caos europeas, que preparaban a parte de sus ciudadanos, durante muchos años de estudios, para desarrollar métodos bélicos cada vez más destructivos.

Una labor combinada con la literaria

El libro que ahora reedita Chapiteau 2.3 no fue publicado nada más terminar la I Guerra Mundial, ya que a la escritora catalana le llevó una década «armarlo» y posteriormente su primera edición se publicó en el año 1935 en la editorial La Revista Blanca.

Gaupera compatibilizó su presencia como cronista en los principales escenarios bélicos de europeos y asiáticos con actividades más banales, como ser miembro de la «escudería» de escritores de la editorial La Revista Blanca.

Ella se dedicaba en la casa editora de escribir novelas rosas, que ya casi mediado el siglo XX, tenían gran predicamento en la ciudad condal y en el resto de Cataluña, lo cual le permitía, por lo banal de los temas de esas «novelas rosas», descansar de deambular de guerra en guerra.

Unas crónicas de actualidad

A pesar de que las crónicas de Ángela Gaupera recorren algunas de las conflagraciones bélicas más monstruosas de la primera mitad del siglo XX, sus crónicas siguen siendo perfectamente válidas ya entrado el siglo XXI.

Independientemente del color del uniforme de los contendientes, del año en el cual se inicie la guerra o la causa de la misma, además de que la inocencia es su primera víctima, siempre son los mismos los que sufren las consecuencias.

Niños y niñas, mujeres y ancianos, sin tener ni arte ni parte, se convierten en los convidados de premio que arrostran el mayor dolor, en forma de bombardeos, «fuego amigo», refugiados que huyen de los combates y también hambrunas y crisis humanitarias.

Fuente – EL PAÍS / CHAPITEAU 2.3 / Las Noticias en Wikipedia

Imagen – State Library of South Australia / Pixabay / mahhai / Tobias Begemann / Raúl Hernández González / Resolute Support Media

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