Las editoriales siguen regalando libros a pesar de la factura

La ola de solidaridad que se ha extendido en todos los sectores de la sociedad española ha llegado también a las editoriales: son muchas, y no solo los grandes sellos editoriales, los que están comenzando a «liberar» parte de sus fondos editoriales en libro digital

La ola de solidaridad que se extiende por la sociedad española, también en las editoriales de nuestro país que han comenzado a regalar libros para que los españoles que están sometidos a cuarentena.

La filantropía está muy bien, pero todos esos libros que se están regalando cuestan dinero tanto en su fabricación física, el pago de derechos de autor – aunque algunos autores han renunciado a ellos por la crisis – y la distribución de estos.

Hay que tener en cuenta que en la industria editorial española laboran 720.000 trabajadores, cada uno con su familia, unas personas que como todo ser humano necesitan comer todos los días y llevar un sueldo a casa.

Un sector ejemplar

Como en otros muchos sectores, son muchas las empresas y empresarios que se están comportando de una manera ejemplar, de la misma manera que muchos trabajadores, que están «echando el resto», realizando esfuerzos que van mucho más allá de su sueldo.

Es un lugar común, y en esta crisis sanitaria se están demostrando, que en las grandes crisis se suelen mostrar la mejor faz del ser humano, y los españoles nos podemos sentir orgullosos de la imagen que estamos dando como sociedad.

Ahora, la industria cultural en general, y el editorial en particular, hacen lo que mejor saben hacer: lograr que la gente se evada de la dura realidad que muchas veces tienen que vivir en esta crisis.

Un libro es siempre, al menos en narrativa y en ficción, una buena manera vivir otras realidades: podemos ser Marajá de Labouan, un espía en la II Guerra Mundial o un inquisidor de Castilla en plena Edad Media.

Festival Yo me quedo en casa, una de las primeras iniciativas

Se trató de una de las primeras iniciativas que se puso en funcionamiento, bien es cierto que fue una iniciativa que provino de un buen número de músicos que comenzaron a realizar conciertos en streaming desde sus casas.

Dichos conciertos fueron completamente gratuitos, lo cual habla mucho de la bonhomía de muchos de los principales músicos que tenemos en nuestro país y que, y es algo más que un mero tópico, se están «portando».

Además, el festival ha servido como iniciador para otro tipo de iniciativas de los más diversos sectores culturales y del ocio: arte, cine, videojuegos e incluso de sectores que tienen que ver con el deporte.

Escritores y escritoras desbordados

Son muchos los escritores, que, pecando de buena fe, se están viendo desbordados, como es el caso de la poetisa Luna Miguel, que ha pedido que le dejen de pedirle poemas, ya que la mayoría de los proyectos en los estaba envuelta se han paralizado.

Una situación similar la está teniendo que sufrir, el periodista cultural Peio Riaño, que estaba a punto de publicar su último libro, Las invisibles, que se ha paralizado sine die por el Estado de Alarma.  

Un ejemplo para otros sectores

El mundo de la cultura, habitualmente maltratado por los poderes públicos, está dando un palmario ejemplo de solidaridad y de preocuparse, primero, de las personas.

Los escritores, y escritoras, están ahí, desde los que venden miles de ejemplares de sus libros hasta aquellos que quieren, con su modesta contribución, ayudar a pasar este «mal trago» a todos aquellos que han enfermado de covid-19.

Entre los «primeros espadas» de las letras en español, que se han sumado a esta «cruzada» se encuentran Arturo Pérez – Reverte, Dolores Redondo, Elvira Lindo, Juan Gómez Jurado, por citar solo a algunos de ellos.

Tampoco conviene olvidarse de las grandes editoriales

Es de recibo, también, reconocer que los grandes grupos editoriales también están poniendo su granito de arena, ya que colosos como Planeta y Penguin Random House han liberado parte de sus catálogos de libro electrónico.

Estas grandes editoriales han seguido sus propios criterios a la hora de elegir que libros electrónicos, o bien cuales de los libros de los escritores de sus «escuderías» o bien se liberan totalmente o bien reducen su precio de venta al público.

Uno de estos escritores que han visto como, de un día para otro, los volúmenes electrónicos bajaban de precio es Benito Olmo, que tiene publicado en la editorial Suma su libro La tragedia del girasol.

De hecho, Olmo es muy crítico con este tipo de campañas que rebajan el precio de los libros bajo el «paraguas» del hastag #yomequedoencasa, finalmente no es sino una campaña de marketing para seguir vendiendo en momentos de profunda crisis.

El peligro de confeccionar listas

Es algo que también han puesto sobre la mesa muchos autores, y es el peligro de que se comiencen a elaborar listas, una vez terminada esta crisis, crisis que superaremos, con autores «solidarios» y aquellos que no lo han sido.

Otra derivada de esta situación de solidaridad profunda del sector literario y cultural con los compatriotas que están teniendo que lidiar con el covid-19, es que el trabajo cultural se devalué, principalmente porque se entienda que todo lo que tiene que ver con que la literatura tiene que ser gratis.

A pesar de que el precio de producción de libros en formato electrónico es mucho menor que un volumen físico, y «regalar» los mismos es barato, finalmente se acaba devaluando el valor de mercado de la obra.

Crítica a la excesiva mercantilización de la literatura

Es el principal «pero» que ponen desde la editorial Cazador de Ratas, poniendo en solfa, sobre todo, en esta situación, la demonización de aquellas editoriales que no se alinean con la política del «gratis total».

Aun entendiendo que la literatura tiene, como una de sus misiones principales, la de cambiar el mundo, la realidad es que, para cumplir esa y otras funciones, los lectores tienen que retribuir el trabajo de los autores.

Los autores, como cualquier otro profesional, viven de su trabajo: del mismo modo que nadie negaría a los honorarios profesionales a un abogado, un escritor y escritora, con la remuneración que recibe de su trabajo paga facturas, paga la hipoteca, la manutención de su familia y hasta el colegio de los niños.

Fuente – el diario

imagen – Maria Firsova / Stellar D / Fraser Mummery / Eelke / Mike Mozart / Raúl Hernández González / Chris Lott / Creative Commons Cero

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