Inteligencia de señales verde israelí

Dov Alfon nos presenta en Una noche muy larga la apasionante vida de dos agentes de la unidad ocho doscientos – una suerte de NSA de las IDF – con la misión de encontrar a un militar israelí perdido en los territorios ocupados y que posee información vital para el Estado que gobierna Benjamín Netanyahu, evitando que caiga en manos de agentes chinos

La Unidad 8200, sobre la que versa esta novela escrita por el israelí Dov Alfon, que sirvió en la inteligencia de las IDF, es una unidad secreta de la que forman parte varios miles de soldados y cuya misión es similar a la NSA norteamericana.

Esencialmente la unidad ocho doscientos tiene como misión la intercepción de señales electrónicas y la intercepción de códigos, siendo la «antena» que tiene Israel para la prevención de ataques de los países árabes circundantes y las comunicaciones de los grupos terroristas palestinos.

El propio Dov Alfon sirvió en esa unidad, cuando nada más jurar bandera, y con otros reclutas, fue llevado a una sala donde se les informó que su destino era la ocho doscientos, y que debían de mantener secreto bajo pena de prisión y expulsión.

Pasados los años, y después de haberse cerciorado que no estaba revelando un secreto de estado decidió escribir y publicar un libro, que ahora ve la luz en castellano por deferencia de la editorial Salamandra y que llevo por título Una noche muy larga.

Máximo secreto

Lo primero que quiso dejar claro el autor es que, bajo ningún concepto, en la novela, cuenta lo que hizo personalmente en los años en los cuales estuvo en la unidad ocho doscientos.

Por cronología, se puede saber que estuvo allí, por ejemplo, cuando la unidad 8200 fue la dirigió la destrucción del reactor nuclear en construcción en las proximidades de la capital iraquí, Bagdad, en lo que se conoció como Operación Ópera.

De lo que sí puede hablar, como anécdota, es que ya en el año 1981 la inteligencia militar de señales israelí tenía una aplicación similar a Google Maps, lo que habla bien de la capacidad tecnológica del Estado de Israel.

Israel, París, y vuelta a Israel

En esencia Una noche muy larga es un thriller de espías que se desarrolla a un ritmo trepidante en solo 24 horas y que discurre entre diferentes lugares de Israel y París, para posteriormente volver al país que gobernase Golda Meir.

El argumento no deja de ser apasionante: dos miembros de la ocho doscientos deben de encontrar a un soldado israelí desaparecido que tiene en su poder una importante información, antes de que sea interceptado por agentes de inteligencia chinos.

Mientras se desarrolla un trepidante combate tecnológico por encontrar al militar israelí desparecido, seremos testigos de traiciones, asesinatos y venganzas.

Otro de los aspectos que aparece muy bien reflejado en el libro es las «puertas giratorias» que existen en Israel entre los agentes de los servicios de inteligencia y las empresas de seguridad, sobre todo las tecnológicas.

En el texto también se pone en solfa la invasión de la intimidad de los ciudadanos que ejercen muchos gobiernos, muchas veces dictaduras, o democracias solo en su fachada, como China o Rusia.

Son muchas las democracias, que, en aras de la seguridad nacional, dan a sus agencias de inteligencia «patente de corso» para hurgar en la intimidad de sus ciudadanos, justificando esa violación de la privacidad de las más variadas formas.

Inteligencia de señales

Publicado en 2016 en hebreo, aborda el mundo del espionaje, periclitado ya el modelo de agente de inteligencia que nos presentó Ian Flemming en su celebérrimo 007, se centra en un espionaje basado en la electrónica y los algoritmos.

De hecho, en el caso específico de Israel, el 80% de la información que se evalúa antes de llevar a cabo una operación militar proviene de los datos recolectados por la unidad 8200, y en el caso de los Estados Unidos de América, el 90% de los datos proviene de la NSA.

En el caso de la ocho doscientos su actividad es tan neurálgica para la seguridad de Israel que se encuentra rodeada de un halo de misterio y un secretismo mayúsculos.

Tanto es así que la unidad es comandada por un general de brigada del que siempre se desconoce su identidad, que es prácticamente un secreto de Estado y para acrecentar el halo de misterio que rodea a la ocho doscientos, su principal base, la de Urim, se ha convertido en una fortaleza inexpugnable.

Inclusive existen indicios razonables que fueron informáticos de la ocho doscientos los que diseñaron y programaron el «gusano» informático Stuxnet, que entre otros logros desmanteló los sistemas informáticos de la central nuclear iraní de Bushehr retrasando su puesta en marcha.

Por otro lado, al citado malware también se puede colgar la medalla de haber descoyuntado las centrifugadoras de uranio del complejo nuclear de Natanz, impidiendo el enriquecimiento de uranio y llevando a traste el programa nuclear militar iraní.

Debido a la eficacia de la que podríamos denominar como la NSA israelí, por las insidias del mundo árabe y de organizaciones terroristas como Hezbollah, se ha intentado repetidamente atentar contra sus instalaciones y sus agentes.

Old school y juventud irreverente

De ahí provienen los dos protagonistas, agentes de la ocho doscientos, de Una noche muy larga, y que son los encargados de encontrar al desparecido soldado israelí, plagado de información confidencial, antes de que lo hagan los agentes chinos.

Zeev Abadi es un agente de inteligencia de la vieja escuela, de los de antes, cuando el trabajo de inteligencia se basaba en las destrezas personales, y no en la electrónica; también está dotado de un humor fúnebre que le hace decir que “Hay algo tan inhumano en el espionaje de hoy”.

Además, no está especialmente dotado para las relaciones humanas con lo cual suele tener a todo el mundo en contra, y le hace añorar la inmensa gama de colores – humanos – que había que tener para sobrevivir en la Guerra Fría.

Su contraparte es una jovencísima sargenta, Oriana Talmor, desvergonzada y con poco respeto por las jerarquías, dos cualidades esenciales para cualquier espía, una mujer fuerte de las que no faltan en la inteligencia, militar y civil, israelíes.

Como en cualquier trama de espías que se precie, en Una noche muy larga existe un enemigo al que batir, en este caso China, un país, una superpotencia sin ambages, que tiene un fuerte «músculo» de inteligencia militar y civil.

A decir de los expertos la inteligencia china tiene un comportamiento más racional y menos errático que la rusa y seguramente también que la norteamericana, con la salvedad que las potencias occidentales no le hacen mucho caso, aunque tienen unos niveles de profesionalidad mayúsculos.

Con mucho recorrido

Es tal el éxito que está cosechando la novela de Dov Alfon que este reservista de la ocho doscientos ya está pensando en una segunda parte para que sus lectores puedan disfrutar con las evoluciones de Zeev Abadi y Oriana Talmor.

Inclusive están muy adelantadas las conversaciones para la realización de una serie de televisión que va a contar como productora a la empresa israelí Keshet, hacedora de la exitosa serie Homeland, que tanto éxito ha cosechado en la plataforma Netflix.

Fuente – EL PAÍS / Unidad 8200 en Wikipedia / Operación Ópera en Wikipedia

Imagen – Geagea / Mattes / Daniel X. O’Neil / 總統府

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