En la trastienda

En La historia silenciada de Estados Unidos, el cineasta Oliver Stone y el historiador Peter Kuznick, nos cuentan los aspectos más turbios de las administraciones de Barack Obama, al que caracterizan como a un lobo con piel de cordero, y a Donald Trump, un fanfarrón iletrado

Se presenta ahora, en su traducción en castellano, la segunda parte de La historia silenciada de Estados Unidos, libro escrito a dos manos entre el cineasta norteamericano Oliver Stone y el historiador Peter Kuznick.

La segunda parte del libro «bucea» en la política exterior de Barack Obama y Donald Trump, una política exterior centrada en dominar el mundo e imponer el imperio norteamericano en los cinco continentes.

Un cineasta crítico

Si por algo se ha caracterizado la obra cinematográfica de Oliver Stone es por ser la conciencia crítica de América, «metiendo el dedo en el ojo» de todas las administraciones norteamericanas desde Lyndon B. Johnson.

Su primer gran éxito, refrendado por un Óscar, fue con Platoon, un alegato antibelicista ubicado en la guerra de Vietnam, como también lo sería Nacido el 4 de julio, donde nos encontramos con la vida de los veteranos, muchos de ellos minusválidos, de esa guerra.

Con JFK que explora una supuesta conspiración de las «cloacas del estado» y la Mafia en el asesinato de JF Kennedy y con Nixon, donde se centra en el Caso Watergate que obligó a dimitir al presidente norteamericano.

En sus orígenes, La historia silenciada de Estados Unidos fue una miniserie de televisión que posteriormente tuvo su deriva en un libro escrito en comandita entre Stone y Kuznick y del que ahora se publica la segunda parte.

Una democracia disfuncional

La tesis fundamental de La historia silenciada de Estados Unidos, tanto de la serie de televisión de 12 capítulos como de los libros es que lo que comenzó siendo una democracia perfecta se ha convertido en un sistema que intenta perpetuar un imperio.

No en vano el preámbulo de la Constitución de Estados Unidos comienza con “We the people” (nosotros el pueblo), perdió su esencia en cuanto se involucró en guerras, como la de Filipinas y la de Cuba, defendiendo únicamente los intereses de las grandes empresas norteamericanas.

 A ello hay que sumar conductas poco edificantes como siglos de esclavitud de los afrodescendientes, genocidio de los nativos americanos, explotación de la clase trabajadora, y una misoginia galopante que se ha perpetuado siglos.

Con el tiempo, una democracia que fue espejo para todas las occidentales, se ha terminado convirtiendo en un sistema político disfuncional, con una corrupción que campa por sus respetos.

Al mismo tiempo, la vida política corre, desde hace décadas, por unos railes tallados en piedra berroqueña, y con unas instituciones vacías de contenido, una política que se ha rendido al poder económico.

Una historia oficial falseada

Otra de las críticas que se hacen La historia silenciada de Estados Unidos es que la historia «oficial», la que proviene del gobierno y de las instituciones la mayor parte de las veces es una mixtificación.

En cierto modo, aunque no con mucho entusiasmo, reivindican la figura de Edward Snowden, por el hecho de que, con su libro, Vigilancia permanente y con la película «firmada» por Laura Poitras, Citizenfour, se ha puesto negro sobre blanco como el gobierno norteamericano vulnera la propia legislación que debe defender.

Invasión de Irak, ahí comenzó todo

Fue con la decisión de invadir Irak, por obra y gracia de George W. Bush, cuando la historia de mundo volvió a cambiar, para peor, y aún ahora estamos sufriendo las consecuencias.

En lo que a todas luces fue una guerra ilegal, «aquellos polvos trajeron esos lodos», y la decisión y el posterior «paseo militar» norteamericano por el país que gobernaba Sadam Hussein, provocó una debacle.

Dicha guerra hizo retroceder a oriente próximo muchas décadas atrás, cuando el middle east era un tablero de ajedrez donde se dilucidaba una buena parte de la «guerra fría» entre occidente y el bloque del este.

Inclusive la actual guerra de Siria tiene sus orígenes en esa invasión que quedó teatralizada por el «trío de las Azores», donde estaba presente Ansar, o así lo llamaba George W. Bush.

Obama no fue lo que parecía

En el libro también se critica a la administración Obama, e incluso al propio Barack Obama, ya que no hizo nada de lo que había prometido en la campaña electoral de su elección y de su reelección.

A él se debe el concepto de «soft power», que finalmente en lo que se convirtió fue en el mismo militarismo e imperialismo yanqui pero con unos mejores formas y maneras.

De hecho, en los ocho años en los cuales Obama fue presidente de Estados Unidos, la política de los llamados «asesinatos selectivos» aumentaron con respecto a las administraciones del partido republicano, teóricamente habitada por «halcones».

Trump no queda tan mal parado

Sin embargo, y a pesar de que Donald Trump se ha convertido en la «bestia negra» de la izquierda norteamericana, no sale tan mal parado en el libro.

Bien es cierto que lo caracterizan como un zoquete fanfarrón, machista, especulador y zafio, pero también resaltan lo que puede ser un rasgo positivo en cualquier gobernante: es un hábil negociador.

Sus muchas décadas como magnate del «ladrillo» ha hecho que para él todo sea susceptible de negociación, lo que le ha permitido concertar inclusive con enemigos acérrimos, como pueda ser el sátrapa que gobierna Corea del Norte, Kim Jong-un.

Son memorables también sus intentos de contemporizar con Vladimír Putin, e inclusive con la teocracia iraní, ansias que ha tenido que reprimir después de las advertencias del Pentágono y de los servicios de inteligencia norteamericanos.

Inclusive por su modo atípico de gobernar, fuera del establishment que ha gobernado el país durante toda la historia de la república, ha tenido sonoros encontronazos con el «estado profundo».

Cuando hablamos de «estado profundo» nos estamos refiriendo al complejo industrial – militar, al Pentágono, a los servicios de información, los centros de decisión económica y los medios de comunicación de masas.

China

Es el país al que se dedican varios capítulos de libro debido a que se ha convertido en el principal antagonista de Estados Unidos como potencia unipolar, la potencia dominante después de la caída del telón de acero.

A pesar del tiempo que se le dedica al país que gobierna Xi Jinping, la verdad es que no se aporta ningún dato nuevo que no se haya podido leer ya los muchos y sesudos ensayos que hablan del «despegue» de China.

Debemos de recordar que a principios de los años 50 del pasado siglo Mao programó el «gran salto adelante», esto es, convertirse 30 años después en una gran potencia, cosa que se logró.

En esos años 80 del pasado siglo, otro gobernante, de nombre Deng Xiao Ping planteó que China, en la segunda década del siglo XXI tendría que ser una de las principales potencias tecnológicas, y lo logró.

Ahora, en una proyección a dos décadas vista, Ji Jinping quiere que su país logre convertirse en la primera potencia mundial superando a Estados Unidos, ¿lo conseguirá?

Fuente – EL PAÍS

Imagen – pixabay / Víctor Santa María / Dean Franklin / Yortv / Geo Swan / The U.S. Army / Eneko Bidegain

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