Seguir leyendo como sea

Es lo que se ha conseguido durante la primera ola de pandemia, y eso gracias a que los bibliotecarios y el personal de biblioteca han sabido reinventar esos espacios de la cultura y el saber que son las bibliotecas, por ejemplo, prestando libros, audiolibros, revistas y periódicos mediante la aplicación eBiblio

Si la pandemia de SARS-CoV-2 no ha conseguido que dejemos de hacer la vida que hacíamos – desde nuestras obligaciones laborales a nuestro ocio – tampoco iba, o va ya que volvemos a estar con la pandemia descontrolada en toda Europa, impedir que sigamos leyendo.

Muestra de ello es que el servicio de biblioteca virtual que tiene el Ministerio de Cultura y Deporte, eBiblio, que permite la descarga, por tiempo limitado, libros electrónicos, ha prestado hasta junio, 1.400.000 volúmenes digitales.

Bibliotecas llenas, aunque sea virtualmente

El próximo sábado 31 celebramos el Día de las Bibliotecas, con la buena noticia que ni la pandemia que soportamos ha hecho menguar ni un ápice la voracidad lectora de los españoles, inclusive presencialmente.

Y eso a pesar de que durante unos meses hemos visto como, cuando estaba abierto, lo único que funcionaba en muchas bibliotecas era el servicio de préstamo, no se podía uno sentar en un butacón a leer los periódicos y estábamos cercados por mamparas protectoras.

Pero afortunadamente existe la plataforma eBiblio, con lo cual se puede seguir leyendo simplemente con tener una cuenta, que es gratuita, y un eReader o una tableta con software, que también puede ser gratuito, para leer libros electrónicos.

Además, en muchos barrios, sobre todo los más desfavorecidos, la biblioteca es un oasis de cultura, tranquilidad y equipamientos multimedia: allí se puede encontrar la tranquilidad que solo puede dar una biblioteca, ordenadores con conexión a internet, y cientos, tal vez miles, de libros, periódicos y revistas.

Inclusive ahora, los equipamientos de bibliotecas se han convertido en improvisadas aulas que permiten a escuelas e institutos mantener la ratio de alumnos por aula, cosa que no pueden lograr en sus sedes.

Internet, la tabla de salvación

Lo ha sido en la primera ola de la pandemia y seguramente lo va a ser durante esta segunda ola que todavía no sabemos el alcance real que pueda tener.

Internet ha sido el medio del que se han valido centenares de bibliotecas para seguir prestando libros, habitualmente, al menos las públicas, se ha servido del ya citado servicio eBiblio.

Pero muchas bibliotecas también se han auxiliado de Facebook, y sus perfiles «han echado fuego» anunciando todo tipo de actividades virtuales: encuentros, cuenta cuentos, charlas de los más variados temas, y hasta concursos.

Lectura a la carta

La pandemia ha sido también un catalizador que ha obligado a estrujarse el magín a mucho bibliotecario y personal de biblioteca.

De hecho, ha habido propuestas tan originales como la de una biblioteca pública de Zamora, en la cual ocho bibliotecarios llamaban a personas mayores que habitualmente acudían a las instalaciones, para leerles pasajes del libro que hubiesen elegido.

Iniciativas de ese tipo, es decir, seguir acercando la letra impresa a personas que no tenían acceso a internet han sido la norma: Cuentos por Teléfono, Leyendo con mi Mejor Amigo o Perros y Letras donde los miembros de una asociación de defensa de los animales mantenían videollamadas con personas mayores para leerles.

También han sido una iniciativa habitual que muchos bibliotecarios montasen clubs de lectura virtuales por WhatsApp o por Facebook, que ha unido a personas con interese comunes, en unos momentos en los cuales cundía la atomización social.

eBiblio, brillando con luz propia

Pero la aplicación estrella durante esta pandemia, de la que ahora vivimos su segunda ola, ha sido eBiblio, la aplicación del Ministerio de Cultura que sirve para el préstamo gratuito de todo tipo de contenidos: libros, audiolibros, periódicos y revistas.

Como ya hemos comentado en otro epígrafe, hasta junio se había prestado 1.400.000 libros, audiolibros, periódicos y revista, el 85% de lo que se prestó en todo el año anterior.

Además, el incremento de número de usuarios en el 2020 es del 107% con respecto al año 2019, y eso que todavía quedan 3 meses para terminar el año, y tal ha sido la voracidad lectora de los españoles que se ha incrementado el presupuesto en 390.000 euros.

Con ese dinero se han adquirido 58.560 nuevas licencias lo que supone tener disponibles 507 nuevos volúmenes de ficción para adultos, infantil y juvenil.

Un oasis de tranquilidad

Es lo que habitualmente es la lectura, y de eso se han dado cuenta muchos españoles en esta pandemia, que, con la lectura, normalmente de ficción, podían «desconectar» de una realidad repleta de ERTES, confinamiento, restricciones a la movilidad y demás.

Al mismo tiempo, entre el personal de biblioteca, del mismo modo que se ha intentado desde las instituciones, se ha intentado no dejar a nadie atrás: internet también ha servido para que los bibliotecarios lanzasen iniciativas que se podían replicar en otros lugares.

De hecho, también se han promovido tertulias entre bibliotecarios que también ha ayudado a dinamizar y hacer más llevadero el trabajo del personal de biblioteca, que ha tenido que trabajar, sobre todo la primera ola de SARS-CoV-2, en unas condiciones extremas.

Read – Maker

Son un tipo de bibliotecas, inspiradas en este movimiento, que al menos en España todavía están en «mantillas», aunque ya se pueden encontrar exponentes.

En este tipo de bibliotecas se promueven sobre todo los elementos tecnológicos que permiten el acceso a la lectura: ordenadores, tabletas, cámaras de vídeo, sensores cerebrales, drones, kit de robótica y hasta cámaras Raspeberry.

De la misma manera que se alfabetiza desde el punto de vista académico, también se alfabetiza tecnológicamente a los usuarios, que pueden acceder a una amplia panoplia de adminículos robóticos y digitales.

Biblioteca puerta a puerta

Es otra de las iniciativas, que, si bien no han nacido con la pandemia, si están teniendo un mayor desarrollo con la plaga que está suponiendo el SARS-CoV-2.

Este tipo de iniciativas, que ya tenían mucho recorrido en poblaciones rurales y con población mayor, consiste en algo tan evidente como llevar los volúmenes solicitados por los usuarios a su propio domicilio.

Ha sido durante el confinamiento, con la imposibilidad de salir del domicilio si no era por causas tasadas, cuando los bibliotecarios se han lanzado, libros en ristre, a seguir repartiendo cultura.

Seguramente, con las nuevas restricciones, las bibliotecas, por aire, mar y tierra, volverán a ser esos espacios de encuentro con el otro, seguramente virtual por necesidades del guion, donde poder disfrutar de la cultura con letras mayúsculas.

Fuente – el diario

Imagen – Henry Lawford / Craig Dietrich / Biblioteca Nacional de España / AVID Vines / eBiblio / Robert Luna / Veronica Belmont / Rachel H.

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