Svetlana Alexiévich: buscando la reflexión

Tras haber tenido que huir de Bielorrusia y estar residiendo ahora en Berlín, Svetlana Alexiévich ha comenzado una novela coral en la cual pretende poner negro sobre blanco la represión que por parte del régimen de Aleksandr Lukashenko sufre la mayor parte de la población bielorrusa

Aunque los lectores españoles conocemos a la Premio Nobel bielorrusa por presentarnos en sus libros panoramas dantescos, por ejemplo, el que nos muestra en Voces de Chernóbil, su mirada abarca mucho más.

Ahora, la escritora está a punto de publicar un libro sobre el Gulag en Bielorrusia, y reflexiona sobre la falta de libertad que viven sus compatriotas.

Ella es libre de opinar porque se encuentra en Berlín, la capital del país que la ha acogido después de la persecución a la que le ha sometido el régimen de Aleksandr Lukashenko.

Para los no avisados en represión soviética, GULAG es el acrónimo, en ruso, del Dirección General de Campos y Colonias de Trabajo Correccional, el «agujero negro» represivo donde acaban los disidentes.

Salir de Bielorrusia a la carrera

De huida se puede calificar el periplo que ha llevado a la autora de, entre otros, El fin del homo sovieticus, desde Minsk, la capital de Bielorrusia a la capital alemana, Berlín.

Alexiévich vive, temporalmente en un enorme y desangelado apartamento en la capital germana que ha sido gestionado por el Servicio de Intercambio Académico de Alemania, donde seguirá hasta que pueda retornar a su país.

El exilio de la autora bielorrusa se produjo después de que ella se significase y se convirtiese en coordinadora del consejo coordinador de las protestas contra el régimen del sátrapa Lukashenko.

A diferencia de otros bielorrusos menos relevantes a nivel internacional, siempre contó con la cobertura diplomática de las embajadas occidentales en Minsk, algunos de cuyos diplomáticos «velaron armas» delante de su domicilio.

Cuando la situación empeoró, de hecho, Svetlana Alexiévich fue interrogada por el comité de investigación de Bielorrusia, esos mismos diplomáticos la acogieron en sus legaciones, y de ahí, con pasaporte diplomático, pudo viajar a Berlín.

Alumbrar una nueva obra

Una vez sentados sus reales en la capital alemana, ha dejado de lado una obra que estaba pergeñando sobre el amor y la vejez para comenzar un nuevo texto.

El proyecto del nuevo libro se convierte en una novela coral, porque sus protagonistas son los ciudadanos bielorrusos que luchan por la libertad y pretenden derrocar a Aleksandr Lukashenko.

De hecho, la escritora bielorrusa se va a centrar en aquellos ciudadanos de su país que por haberse significado en las protestas están sufriendo prisión y detenciones, muchas veces trufadas con la tortura.

El apparátchik Lukashenko, que lleva gobernando ininterrumpidamente desde el año 1994, ha cometido un nuevo «pucherazo» electoral que le permitirá gobernar Bielorrusia como si un monarca por derecho divino se tratase.

Esta periodista egresada en la universidad de Minsk tiene la intención de terminar el nuevo libro en un año, y la Premio Nobel no solo se va a dedicar a mostrar el horror de la represión sino a alumbrar una profunda reflexión sobre la situación de su país natal.

Archipiélago GULAG

Es la situación que para Alexiévich vive su país, que se ha convertido en un GULAG como el que retrató, aunque el suyo era el soviético, Aleksandr Solzhenitsyn en Archipiélago GULAG.

Para esta Premio Nobel de Literatura, Lukashenko ha convertido Bielorrusia en un inmenso campo de concentración, en el cual el ocupa el puesto de Kapo.

La situación de Bielorrusia es tal que ningún ciudadano puede asegurar que en cualquier momento los órganos de seguridad bielorrusos no lo saquen de la cama a las tantas de la madrugada y acabe desapareciendo, bien temporal o indefinidamente.

De hecho, son muchos los ciudadanos en sus domicilios tienen permanentemente preparada una pequeña mochila con lo más fundamental – mudas de ropa interior, ropa, neceser – por si son detenidos en cualquier momento.

Inclusive, en otra crítica acerada al gobierno bielorruso, la escritora considera que detrás del GULAG de Stalin por lo menos había ideas, mientras que en el GULAG de Lukashenko lo único que persigue es mantenerse en el poder a cualquier precio.

Médicos que no pueden hacer su trabajo

La oposición a Lukashenko, y así lo refleja Alexiévich, tiene documentados como los órganos de seguridad bielorrusos impiden sistemáticamente a los médicos hacer su trabajo.

No solo es que los detenidos no tengan acceso a médicos mientras están presos, sino que los médicos forenses son advertidos por las autoridades de que no informen de las lesiones que tienen los detenidos y los presos.

Sin embargo, ha habido médicos que ha podido documentar fotográficamente el estado el que llegan los manifestantes detenidos y han logrado enviar esos documentos fotográficos al extranjero para denunciar la situación.

Una auténtica diáspora

La represión del régimen de Lukashenko ante cualquiera que intente poner en solfa su poder está provocando una auténtica diáspora bielorrusa.

La mayor parte de los refugiados se han desperdigado por los países de los contornos, algunos de los cuales forman parte de la Unión Europea, como es el caso de Polonia, Alemania.

Pero la huida también se ha producido a países extracomunitarios, como es el caso de Ucrania o Lituania, donde aparentemente están a salvo.

Libertad

Es de lo que goza en estos momentos la escritora bielorrusa en Berlín, lo cual le da la libertad de escribir sobre lo que quiera y como quiera.

Si se hubiese quedado en Bielorrusia, después de lo que se significó a favor de las protestas viviría «a salto de mata», con la vista puesta en la puerta de su vivienda por si alguno de los órganos de seguridad de Bielorrusia reventaba la puerta y se la llevaba detenida.

La obra que prepara es magna, ya que no va a ser solo una relación de detenidos y torturados y las circunstancias en que esas sevicias se habían producido, sino también sobre los orígenes del mal y del sadismo.

Vuelve la Unión Soviética

En caso de que en algún momento se hubiesen abandonado los usos y maneras de la Unión Soviética.

Y para muestra un botón: mientras que en lo que fueran las repúblicas soviéticas, y también en Rusia, a los servicios de inteligencia se les ha renombrado con palabras más neutras, esos organismos de seguridad en Bielorrusia se siguen llamando KGB.

Tal como se puede ver en ciertas imágenes, el actuar de la policía y los antidisturbios bielorrusos no tienen nada que envidiar a cuando el Estado era comunista y omnímodo y regulaba hasta lo más recóndito del actuar de los ciudadanos.

Fuente – EL PAÍS / Gulag en Wikipedia / Svetlana Alexiévich en Wikipedia

Imagen – THE CALVERT JOURNAL / Kov / Irina Gheorghita / Robert Hunter / Army Medicine / Melissa Adret / Osajus Photography / Dimitry Fomin

Deja una respuesta

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.