La emigración asturiana a tierras americanas como material de la novela

casitodaslasletras03082015

La emigración desde las provincias del norte a América ha sido una de las mejores vetas de la literatura española que ha tratado como tema la inmigración. Paisanos que se iban con una mano delante y otra detrás, lograba, muchas veces sufriendo verdaderas penalidades, retornar a su tierra como indianos ricos con hacienda y posición en la España de los primeros años del siglo XX. Gonzalo Celorio nos habla de una de esas historias en “El metal y la escoria”

Gonzalo Celorio nos muestra en El metal y la escoria una de tantas historias, esta novelada, sobre la emigración de oriundos de la cornisa cantábrica a las Américas españolas y sobre la importancia que esos movimientos migratorios tuvieron en Asturias.

Los primeros balbuceos de la inmigración asturiana a Latinoamérica se produjeron ya en el siglo XVIII y tuvieron la mayor importancia en las postrimerías del siglo XIX y los albores del siglo XX. Ya en este último siglo la inmigración recalo en los campos petrolíferos de Venezuela al calor del descubrimiento del oro negro en esas tierras.

En el norte de España, la mayor parte de la emigración tenía como objeto el estar el menor número de décadas posible para lograr hacer un buen capital con el cual retornar como indiano enriquecido a las tierras que vieron nacer al emigrante. Por lo general al paisano enriquecido el tocaba sufragar obras públicas en su localidad de origen, siendo lo más habitual la construcción de fuentes.

La doctrina económica de los inmigrantes españoles en América era de una sencillez pasmosa: comprar barato y vender caro. Por lo general esos inmigrantes económicos, que muy pocas veces tenían intención de echar raíces en tierras americanas solían dedicarse a sectores como el comercio, el préstamo y a importación / exportación.

Muchos de los inmigrantes realizaban en España labores agropecuarias en un país que seguía siendo eminentemente rural pero al llegar a América desechaban ese tipo de negocios porque en una tierra políticamente convulsa, era imposible repatriar, llegado el caso, ganados y tierras.

En el caso de la emigración asturiana, lo que se creaba era una suerte de cadena en la cual los migrantes posteriores solían dirigirse a zonas o localidades americanas donde ya había una presencia de paisanos de la misma localidad, siendo muchas veces los migrantes familiares de los indianos establecidos en tierras americanas.

Por lo general, y centrándonos en Asturias, los emigrantes solían ser oriundos de localidades en las cuales no había caído en maná minero y metalúrgico. Fue en esas localidades dónde se gestó una literatura que hablaba de la emigración hacia tierras americanas. Desgraciadamente la mayor parte de la producción literaria era muy mediocre.

Por lo general esa literatura era producto de indianos vueltos a la Asturias que les vio nacer, siendo la mayor parte de ellos iletrados que habían adquirido las letras de modo más o menos autodidacta. Entre ellos cabe destacar a escritores como Clarín y Palacio.

El primero de ellos destacó por su cuento Borona, mientras que Palacio narró las acechanzas de Quirós, un indiano rico que es el protagonista de Sinfonía pastoral. Aunque sin lugar el mejor retrato de la migración finisecular española a América la tenemos de la mano de Ramón María del Valle – Inclán en su novela Tirano Banderas.

Una de las aproximaciones más recientes, literariamente hablando, a la emigración de tierras asturianas a América la tenemos en El metal y la escoria, de Gonzalo Celorio. La novela, editada por Tusquets en este 2015, nos muestra la vida perra de un indiano antes de lograr posición y hacienda. La vida de una familia comerciante emigrante a América y oriunda del valle de Vibaño, que antes de lograr enriquecerse tuvieron que dormir muchas noches en la trastienda o encima del mostrador.

La narración muestra la vida de tres generaciones de emigrantes en México, en las cuales se hace propio el dicho indiano “abuelo comerciante, hijo estudiante y nieto pordiosero”. Veremos cómo algunos de los vástagos de la familia dilapidan el capital logrado por tanto esfuerzo por las dos generaciones precedentes.

La disolución de la fortuna no se da en tierras mexicanas, sino que son los nietos retornados a España los que gastan con una prodigalidad como si el dinero les quemase en las manos. Lo mejor de la narración de Gonzalo Celorio se sustancia en la descripción de Madrid, dónde nos presenta la ciudad como un fresco de lo que era la capital de España en los primeros años del siglo XX, cuándo todavía España poseía algunas colonias.

Más información – “La verdad sospechosa” en el Teatro Arriaga de Bilbao

Fuente – La Nueva España

Imagen – Thomassin Mickaël

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