A ciento cincuenta años del nacimiento de Valle – Inclán

casitodaslasletras29082016

El ruedo ibérico, tal como lo definió un insigne escritor español, se encuentra en una situación de bloqueo político y económico que bien daría argumento literario suficiente para que Ramón María del Valle – Inclán pudiese crear ficción con su acida pluma. En una situación política muy parecía a la de la Restauración que bien podría calificarse de esperpéntica, el inimitable gallego hubiese sacado buen provecho literario de este sin dios político económico

Si por algo debemos reconocer a Valle – Inclán, es porque fue el introductor – podríamos decir el creador, al menos en la literatura – del esperpento. A más de ciento cincuenta años de su nacimiento, en estos momentos de tribulación en España, se echa de menos un literato que pueda plasmar el esperpento político y económico en que vivimos.

Fue Ramón María del Valle – Inclán el que introdujo en la literatura española el esperpento, el que llego a definir como “persona o hecho grotesco que produce hilaridad y sonrojo”. A buen seguro que Valle – Inclán deformaría la realidad actual a través de su personal espejo literario.

También estamos convencidos que con su mirada ciertamente despiadada, tendría muy fácil el encontrar paralelismos entre la España de su tiempo y la actual. Con su especial gracejo trataría la realidad política española como si de realidad aumentada se tratase.

Ramón María del Valle – Inclán tamizo la realidad política e histórica que le toco vivir aplicando una lupa que tenía mucho de extravagante, crítica, punzante y contradictoria. En uno de sus relatos más celebrados, La corte de los milagros, podemos leer: “la tea revolucionaria atorbellina sus resplandores sobre la católica España. Las utopías socialistas y la pestilencia masónica amenazan convertirla en una roja hoguera. El bandolerismo andaluz llama sus desafueros rebaja de caudales…”

En el relato que nos ocupa, nos damos cuenta que la situación sociopolítica era muy similar a la actual; una época en la cual había señales evidentes de que todo estaba a punto de irse al garete. De cualquier modo hay que entender la afilada pluma de Valle Inclán como la de un escritor de su tiempo.

Un literato que a lo máximo que pudo aspirar fue a retratar, auxiliándose de su genio literario, la realidad que le circundaba; Valle – Inclán no era ni estadista ni político para poder arreglar los desafueros de la época de la Restauración que el tocó vivir.

Como animal político, su educación política, que no estética, se desarrolló en el tradicionalismo carlista, aunque antes de morir el 5 de enero de 1936, tuvo tiempo para dar muchos bandazos ideológicos.

Era capaz de conjugar una admiración que rayaba la pasión por Benito Mussolini por los cambios que había introducido en Italia, con la también rendida admiración por Lenin. Y todo ello declarándose súbdito de Carlos VII.

Si se pudiera sacar un mínimo común múltiplo sobre sus querencias políticas podríamos decir que el escritor gallego estaba fascinado por las figuras autoritarias, estando desencantado de la democracia burguesa que le tocó vivir. Todo ello condimentado con la nostalgia por la España rural de los mayorazgos.

Políticamente llegó a militar en Comunión Tradicionalista, aunque también fue afecto a la figura política de Eduardo Dato e inclusive llego a declarar sus anhelos socialistas y comunistas. Y todo ello en pocos años mientras España era regida por la monarquía de Alfonso XIII, rey al que aborrecía y del cual decía que debía ser derribado por la alianza política entre socialistas y comunistas.

Llegó incluso, cinco años antes de su muerte, a militar en la partido político dirigido por Alejandro Lerroux, otra veleta política que llego a fundar el Partido Republicano Radical. Producto de ser testigo de excepción del interregno político de la subida a poder de Isabel II hasta el golpe de estado de Primo de Rivera, tuvo arrobas de hechos históricos para novelar con su pluma afilada.

La filosofía que diluyó en su extensa obra literaria fue un fatalismo determinista, considerando que el ser humano la mayor parte de su existencia se guía por sus instintos más básicos y deleznables. Serían para él la lujuria y la avaricia las que dominan a las personas, siendo la muerte de las personas, no algo loable y elevado que culmina una vida de virtud, sino algo inevitable y profundamente visceral.

Más información – La emigración asturiana a tierras americanas como material de novela

Fuente – Diario El País

Imagen – The lost gallery

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